Juan Carlos Pinzón habla con la serenidad de quien ha visto al país desde todos sus ángulos: la guerra, la diplomacia, el aula universitaria y la Colombia profunda. Hoy, mientras dicta clases de Economía Política y Geopolítica en Princeton, confiesa que siente el “deber de estar al servicio de Colombia” y que, si las circunstancias lo demandan, está dispuesto a “jalar el carro” y conducir los destinos del país. “Colombia no puede perderse”, insiste, con el mismo tono con el que recuerda haber liderado operaciones militares en los momentos más duros de nuestra historia reciente.
De los cuarteles a la economía
Nació en Bogotá, en el Hospital Militar, hijo de un subteniente que llegó a coronel y de una madre que dedicó su vida a ayudar a los demás. Creció entre cuarteles y traslados: Armenia, Santa Marta, Palmira, Puerto Berrío. Vivió la disciplina y el orden como parte natural de su educación, pero eligió otro camino: estudió Economía, atraído por la lógica y el impacto de las decisiones financieras.
El atentado del Club El Nogal, en el que perdió a un primo, lo llevó a replantearse todo. Dejó el sector bancario y se vinculó al servicio público: Ministerio de Hacienda, Banco Mundial, viceministro y luego Ministro de Defensa, Secretario General de la Presidencia y dos veces embajador en Washington.
Un país con potencial y heridas abiertas
Pinzón asegura que Colombia vive “uno de los momentos más críticos de su historia”, pero no se queda en el diagnóstico. Enumera las fortalezas: agua, biodiversidad, capacidad agroindustrial, talento humano y ubicación estratégica. Y también los retos: seguridad, crisis fiscal, pobreza extrema y desinversión.
Propone un liderazgo “positivo, firme y fresco” que priorice tres consensos nacionales: seguridad como condición para el progreso, educación orientada a la tecnología y los empleos del futuro, y solidaridad real para que nadie pase hambre. Cita ejemplos como Noruega o Emiratos Árabes, que usaron su riqueza natural para diversificar la economía, invertir en educación, infraestructura y emprendimiento. “Colombia puede ser una potencia global si se organiza bien”, afirma.