Hay políticos que llegan al Congreso por herencia familiar. Otros, por maquinaria electoral. Y están los que llegan por indignación ciudadana. Cathy Juvinao pertenece a esta última categoría.
Cuando recuerda su historia, suelta una frase que ayuda a entender muchas cosas. Dice que lleva compitiendo en elecciones desde niña. En el colegio se lanzaba cada año a la representación estudiantil de su salón. Le gustaba liderar, defender causas y cuestionar decisiones. Estudió en un colegio de monjas (dice entre risas) y admite que les dio más de un dolor de cabeza. Aun así, recuerda una infancia feliz.
Nació en La Paz, Cesar, casi por accidente: sus padres, ambos médicos, hacían allí su rural cuando ella llegó al mundo. Muy pronto la familia se trasladó a Santa Marta, donde creció y donde aún conserva a muchas de sus amigas de toda la vida. Luego vendrían Barranquilla, la universidad y, finalmente, Bogotá, ciudad a la que llegó a los 21 años para empezar a construir su propio camino.
Eligió estudiar Comunicación Social y Periodismo, una decisión que no describe como estrategia profesional sino como vocación. Investigar, descubrir irregularidades y encontrar “dónde está el torcido”, como ella misma lo dice, siempre fue parte de su personalidad. Durante un tiempo trabajó en medios de comunicación: pasó por CityTV y por La Luciérnaga de Caracol Radio. Con el tiempo, sin embargo, notó que su activismo empezaba a chocar con el ejercicio periodístico.
Ahí decidió cambiar de lugar.
- Le puede interesar: Abelardo de la Espriella: “Mis límites son la Constitución y la ley”
Del activismo digital al Capitolio
Durante su maestría en Ciencia Política en la Universidad Javeriana se encontró con una realidad que la sorprendió: el Congreso de la República era una de las instituciones menos vigiladas por los ciudadanos. Más de trescientas personas tomando decisiones sobre el país, ganando salarios altos, y sin que la mayoría de colombianos supiera realmente qué hacían.
De esa incomodidad nació "Trabajen Vagos", una veeduría ciudadana creada para denunciar a los congresistas que no asistían a trabajar. Lo que empezó como una iniciativa digital creció rápido: la plataforma comenzó a visibilizar ausencias, irregularidades y comportamientos del Congreso que hasta entonces pasaban desapercibidos. Sin proponérselo, Juvinao estaba construyendo algo más que una veeduría; estaba formando una comunidad.
Esa comunidad, al final, sería la que la llevaría al Congreso. Juvinao lo dice sin rodeos. Llegó al Capitolio no por una maquinaria política ni por una familia tradicional, sino por una movilización ciudadana organizada en el mundo digital. “Soy una congresista que llegó a través del activismo digital”, afirma.
Esa idea, además, explica buena parte de su relación con el poder. Su punto de partida no fue la disciplina partidista, sino la vigilancia.
Del voto por Petro al control político
Uno de los momentos más reveladores de la conversación aparece cuando habla del presidente Gustavo Petro. Cathy Juvinao votó por él, y lo dice con claridad.
Cuenta que decidió apoyarlo después de haber sido elegida congresista y tras una conversación directa con el entonces candidato. En ese diálogo, asegura, le pidió un compromiso concreto: acabar con los cupos indicativos, una práctica histórica en la política colombiana mediante la cual el Ejecutivo reparte recursos o contratos a cambio de apoyo legislativo. Según ella, Petro aceptó.