José Manuel Restrepo: una vida dedicada a regalar gotas de esperanza
Por Adriana Bernal – Kién es Kién
Fue becado toda su vida, perdió a su padre en medio de una crisis económica, encontró el amor en una cita a ciegas y convirtió la educación en una misión. En Kien es Kien, José Manuel Restrepo revela la historia personal detrás del economista, el rector, el profesor y el hoy candidato a la Vicepresidencia.
Hay personas que construyen su historia alrededor del poder. Otras alrededor del reconocimiento. José Manuel Restrepo construyó la suya alrededor de una palabra que repite constantemente y que parece haberse convertido en el eje de su vida: esperanza.
Detrás del economista, del exministro, del exrector universitario y del candidato vicepresidencial hay un hombre que todavía se emociona al recordar a su abuelo secando café bajo el sol, a una madre que hizo de la educación una causa de vida y a un padre que luchó hasta el final por sacar adelante a su familia.
Nació en Bogotá, en un hogar donde las cosas nunca sobraron. Su madre era maestra de inglés y su padre trabajaba en el negocio de finca raíz. No había privilegios ni caminos fáciles. Había esfuerzo.
Por eso, cuando habla de su infancia, no recuerda lujos ni comodidades. Recuerda un triciclo rojo con vagón, los viajes al campo con su abuelo cafetero y las lecciones silenciosas que aprendió observando a los adultos trabajar sin descanso.
Aquellos años terminarían marcando el rumbo de toda su vida.
La educación fue la puerta que le permitió avanzar.
Fue becado en el colegio. Fue becado en la universidad. También en sus estudios de posgrado. Lo dice sin rodeos: sin esas oportunidades no habría podido estudiar.
Quizás por eso nunca ha visto la educación como una estadística o una política pública. Para él siempre ha sido algo más personal. Algo que transforma vidas.
Y ninguna historia refleja mejor esa convicción que la de un joven que un día le escribió cuando era rector de la Universidad del Rosario.
El muchacho firmaba cada correo como “El Soñador”.
Le pedía ayuda para estudiar medicina. Restrepo recibió el mensaje como tantos otros que llegaban diariamente a su oficina. Sin embargo, algo en aquella insistencia terminó llamando su atención. Decidió ayudarlo. Más tarde apareció otra universidad dispuesta a cubrir el porcentaje restante de la matrícula.
El joven pudo estudiar.
Años después volvió a encontrarlo convertido en profesional.
No llegó a pedir nada. Solo quería agradecer.
Y antes de marcharse le dejó una frase que José Manuel Restrepo nunca olvidó:
“Por favor, siga regalando gotas de esperanza”.
Desde entonces convirtió esa expresión en una filosofía de vida.
Las gotas de esperanza aparecen una y otra vez durante la conversación. Son la explicación de muchas de sus decisiones. También de su forma de entender el servicio público.
Por eso, cuando se le pregunta por qué aceptó acompañar a Abelardo de la Espriella en la fórmula presidencial, responde con una frase que parece resumir toda su visión de país:
“No hay milagros sin esperanza y tampoco hay esperanza sin milagros”.
Pero la esperanza no ha sido el único ingrediente de su historia.
También ha conocido la adversidad.
Uno de los momentos más difíciles llegó con la muerte de su padre.
Aún recuerda la sensación de soledad que sintió al tener que asumir una compleja situación financiera familiar. De un momento a otro pasó de ser hijo a convertirse en quien debía organizar cuentas, enfrentar deudas y tomar decisiones difíciles.
No habla desde el resentimiento. Habla desde el aprendizaje.
Aquella experiencia le enseñó que las crisis revelan el carácter de las personas y que las responsabilidades no siempre llegan cuando uno está preparado para recibirlas.
Tal vez por eso se convirtió en un hombre profundamente disciplinado.