Michelle Rouillard: la mujer que desafió al reinado de belleza
Por: Adriana Bernal
Hay mujeres que pasan por un reinado de belleza y terminan siendo recordadas por la corona. Con Michelle Rouillard ocurrió exactamente lo contrario. La corona fue apenas un capítulo de una historia mucho más profunda. Detrás de una de las Señoritas Colombia más recordadas del país aparece una mujer que nunca se sintió cómoda viviendo dentro de los moldes que otros habían construido para ella.
Escucharla es descubrir a alguien que siempre prefirió tomar sus propias decisiones, incluso cuando eso implicaba equivocarse. Antes de las pasarelas y los reflectores hubo una niña que creció en una Popayán muy distinta a la de hoy. Una ciudad tranquila donde la bicicleta era sinónimo de libertad y donde los padres todavía podían dejar que sus hijos recorrieran las calles sin miedo. Esa infancia, entre ríos, fincas y largas tardes al aire libre, terminó forjando una personalidad independiente que años después volvería a aparecer en los momentos más importantes de su vida.
Su historia también estuvo marcada por dos culturas. Su madre, payanesa; su padre, francés. De él heredó el apellido, la nacionalidad y una mirada abierta hacia el mundo. Sin embargo, nunca soñó con ser reina. Lo suyo era la moda. Le apasionaba escoger telas, imaginar diseños y convertir ideas en vestidos junto a una tía que cosía con enorme talento. Mientras muchas jóvenes pensaban en una corona, ella imaginaba talleres de diseño y una vida muy distinta.
Por eso, cuando terminó el colegio, no dudó en aceptar la oportunidad de irse sola a Canadá. Tenía apenas dieciséis años y más ganas de descubrir el mundo que de quedarse en casa. Allí encontró su primera gran escuela de vida. Muy pronto entendió que saber inglés en el colegio era muy diferente a estudiar una carrera en otro idioma. Lo suficiente para tomar el metro o hacer mercado no alcanzaba para entender una clase de diseño de modas.
En lugar de regresar, decidió resistir. Trabajó como mesera, en una distribuidora de alimentos, en una tienda de antigüedades y en cuanto oficio apareciera para sostenerse. Fueron casi tres años de independencia, esfuerzo y aprendizaje, pero también de frustraciones. El sueño de estudiar diseño comenzó a desdibujarse y una historia de amor que parecía definitiva terminó rompiéndose. Fue entonces cuando aceptó una posibilidad que durante años había querido evitar: regresar a Colombia y representar al Cauca en el Concurso Nacional de Belleza.