Michelle Rouillard: “Siempre he apostado por mí”
Por Adriana Bernal - Kién es Kién
Hay personas que llegan a un punto de la vida en el que dejan de preguntarse qué quieren ser y empiezan a preguntarse cómo quieren vivir. Escuchando a Michelle Rouillard durante esta segunda parte de la conversación de kieneskien, queda la sensación de que esa respuesta ya la encontró.
Lo curioso es que no fue una revelación repentina. Fue el resultado de muchos caminos recorridos, de decisiones tomadas sin tener todas las certezas y de una confianza que, incluso en los momentos más difíciles, nunca perdió: la confianza en sí misma.
Por eso, cuando recuerda sus primeros pasos como actriz, no intenta esconder los tropiezos. Al contrario. Habla con naturalidad de un casting que todavía hoy le saca una sonrisa porque, sencillamente, todo salió mal. Los nervios le jugaron una mala pasada, las palabras no aparecieron y la escena terminó mucho antes de lo que ella hubiera querido. Cualquiera habría pensado que esa experiencia era suficiente para renunciar. Michelle hizo exactamente lo contrario. Siguió estudiando, volvió a presentarse a nuevas oportunidades y entendió que una mala tarde nunca puede convertirse en una sentencia.
Esa manera de asumir la vida parece repetirse una y otra vez en su historia. Cuando la actuación empezó a darle estabilidad, la disfrutó. Cuando dejó de hacerlo, buscó otros caminos sin sentir que estaba traicionando su vocación. Nunca ha visto los cambios como una derrota. Los entiende como parte del recorrido.
Quizá por eso habla con tanta tranquilidad de las distintas etapas que ha vivido. La televisión le enseñó disciplina y constancia; otros trabajos le demostraron que siempre hay algo nuevo por aprender; la pandemia la obligó a descubrir habilidades que jamás imaginó convertir en una herramienta de trabajo y la cocina, una pasión que nació mucho antes de que las cámaras volvieran a cruzarse en su camino, terminó convirtiéndose en el proyecto que hoy ocupa buena parte de su presente.
Nada de eso estaba escrito.
Cuando recibió la llamada para participar en MasterChef Celebrity, ni siquiera estaba pensando en un concurso de cocina. La oportunidad apareció de manera inesperada y, fiel a su estilo, decidió asumir el reto. Competir significó enfrentarse a personas que llegaban con mayor preparación, estudiar a un ritmo acelerado y salir todos los días con la sensación de que todavía quedaba mucho por aprender. Llegó muy lejos, aunque no consiguió el título que buscaba. Sin embargo, el programa terminó dejándole algo mucho más valioso: la certeza de que la cocina no era solamente un gusto, sino un lugar donde también podía construir su futuro.
Hoy ese futuro tiene una forma mucho más concreta. Comparte recetas, crea contenido, trabaja alrededor de la gastronomía y acompaña a su pareja en la construcción de un restaurante que representa un sueño compartido. Mientras habla del proyecto no se queda en los platos ni en los sabores. Habla del esfuerzo, de las decisiones diarias y de todo lo que implica levantar algo desde cero. Se nota que disfruta tanto el proceso como la meta.