Es curioso que el suceso más trascendental que se está desarrollando en el mundo no haya ameritado un comentario por parte de los candidatos a la gran consulta del próximo domingo: la baja del temible Jameneí, quien, según informes sobre las recientes manifestaciones en Irán, habría sido responsable de la muerte de decenas de miles de ciudadanos.
No pido que quienes se reclaman de la centro-derecha se manifiesten con júbilo, como lo hizo el ya candidato Abelardo de la Espriella, quien escribió: “¡Aleluya! Así es como tienen que terminar los tiranos: abatidos o encarcelados”, ni mucho menos que reaccionen como lo hizo —disimulando su dolor— Gustavo Petro al decir: “Hay que volver cuanto antes al respeto al derecho internacional”, sin atreverse siquiera a expresar su verdaderos sentimientos ante la muerte del tirano, manteniendo su misma postura dócil de tiempos recientes.
Maduro no está hoy en condiciones de demostrar su fidelidad con la teocracia iraní, lo que le evita al pueblo venezolano nuevas vergüenzas. Observo cómo se va debilitando la camarilla de gobernantes progres, encaramados —a las buenas o a las malas— en los ya sufridos países de nuestra región, hasta el punto de quedar enmudecidos cuando antes nos tenían habituados a arrebatos envalentonados, incluso hasta hace muy poco. Las cosas han ido cambiando, y creo que positivamente, para quienes creemos en la libertad y el progreso.
Cuando me enteré del anuncio de Donald Trump sobre la muerte de Jameneí, manifesté mi júbilo, y no faltó quien me lo reprochara desde su compasión cristiana. Más extraño aún fue leer en Facebook un texto compartido por un prestigioso abogado huilense, escrito por el hoy opacado León Valencia, en el que decía cosas como esta:
“No es solo que hayan asesinado a un jefe de Estado. Es la naturalidad con la que se anuncia. La frase triunfal. El tono de videojuego. Como si eliminar a una persona —con todo lo que desencadena— fuera una jugada táctica limpia, quirúrgica, sin consecuencias humanas ni geopolíticas.”
Que fue una jugada táctica y quirúrgica no nos queda duda, y nadie tendría por qué ocultarlo ni, llegado el caso, vanagloriarse de ello. Lo hizo Obama cuando dio de baja a Osama bin Laden.
Pero ¿qué dijo exactamente Trump como para escandalizar a algunos? Veamos: