¿Es posible dejar de ser quien uno es? Podría ser la pregunta fundamental que dejan planteadas el libro y la película ‘Fantastic Mr. Fox’. El show que se puso en escena con el pretexto de la elección del presidente del Senado tuvo como protagonista a un viejo zorro de la política: Álvaro Uribe Vélez, a quien, al parecer, no le es posible dejar de ser quien es.
Desde mi limitada visión, me atrevería a decir que el ring estaba dispuesto: uno de los boxeadores sentado en su esquina y otro que nunca llegó. Peleó el solitario pugilista con el aire y salió vencedor. El Tigre lo manifestó con claridad luego de conocer los resultados de la contienda por la presidencia del Senado: no tenía ningún interés en involucrarse en un asunto en el que no tenía nada que ganar ni perder. Muy conforme debió quedar con el triunfo del candidato del primer partido que se declaró de gobierno, el Centro Democrático.
Los medios han querido mostrar, en su afán amarillista, que fue una derrota infringida al presidente electo. Se llenan la boca diciendo que el pulso lo ganó una alianza entre dos grandes enemigos, cuando lo cierto es que no se dio tal pulso por falta de contendor. Sería una victoria pírrica o, mejor, una inútil e innecesaria victoria.
Ver al enemigo acérrimo de Uribe, un tal Cepeda, mostrándoles a los del Centro Democrático su voto favorable a ellos es muestra del mayor cinismo. Como también lo fue ver, con estupefacción, como celebraban unos y otros siendo de orillas diferentes. ¿Querían dar una muestra de fuerza? ¿Sacar las garras? Qué politiquería más rastrera.
No fueron garras sino aguijones: "Si el tigre va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como las abejas". ¿A qué viene esta tibia manifestación de guerra de parte del líder de la oposición a un gobierno que agoniza contra un gobierno que está por nacer? Falta por saber si ese “nosotros” incluye a los del Pacto Histórico, lo que ya sería una aberración.