Sin medias tintas, el presidente de los Estados Unidos de América ha manifestado su claro respaldo al candidato Abelardo de la Espriella, refiriéndose a él como “el Tigre”, de la misma manera coloquial y amistosa con la que ya es reconocido entre sus compatriotas, lo que le ha valido un acercamiento que rompe las antiguas fronteras entre un político y sus electores.
Porque, si en algo se ha caracterizado la campaña del Tigre, es en generar un fervor popular como nunca se había visto. Muy alejado de la demagogia populista con la que intentaban ganarse el favor de la gente los de siempre —como nos acostumbró a llamar el Tigre a aquellos que siempre han mamado de la teta del Estado—, y de la distancia antipática de otros que siempre se han creído los elegidos: una casta definida no solo por sus ancestros, sino también por haberse apropiado de espacios ganados con el poder de las armas desde las infames guerras civiles que le fueron impuestas al pueblo con colores y consignas vacías hasta los ataques miserables de los llamados grupos guerrilleros que no han sido otra cosa de bandas delincuenciales de una violencia contra la población sin parangón en la historia universal.
No habría sido ni soñable que se nos apareciera la Virgen de una manera tan inesperada cuando el horizonte se veía más oscuro que nunca, con un Petro empeñado en perpetuarse en el poder por la vía que fuese. Pero tanto Petro como sus amigotes no contaban con que la geopolítica entraría a jugar un rol fundamental en la que hemos presenciado como la torre construida desde el Foro de Sao paulo se ha ido derrumbando.
Es comprensible, aunque no perdonable, que fuera durante el gobierno del peor presidente que hayan tenido los Estados Unidos, un tal Biden, que llegara al poder aquel que ha demostrado de sobra ser el peor presidente de la historia de Colombia, un tal Petro, contando, para nuestra vergüenza, con especímenes de la calaña de un tal Samper o un tal Santos. Con Trump en un segundo mandato, en el que no se amilana ante nada ni nadie, las cosas son de otro color. La estrategia minuciosa de una acción clara contra el tráfico de drogas ha sido el punto de apoyo sobre el que se puede apalancar un vuelco total a los malos vicios en los que han estado sumidos los gobiernos de la región.