Está imparable la candidatura de Abelardo de la Espriella, tanto así que la torpe encerrona de Caracol fue apenas un pequeño bache que no logró detener su carrera, cuando va en cuarta en plena recta final. Les salió el tiro por la culata y ni la plañidera respuesta de su contrincante de la derechita cobarde ni las lecciones éticas del impresentable candidato de la izquierda desvergonzada les han servido a quienes pretenden atajar al tigre para que la curva ascendente en Polimarket y Atlas Intel, que quieren vetar con argucias de tinterillo, no pare.
Quienes consideramos, con la cabeza y el corazón, que esta lucha, como la planteó María Corina en Venezuela, es espiritual, no dejamos de regocijarnos con la aparición de lo inesperado: un candidato que permite vislumbrar un mundo sin políticos, en el que en la conducción del Estado no prime la vagabundería, la corrupción y el negocio tan rentable de la política. Con tan solo mirar la elección de su fórmula vicepresidencial, en notable contraste con la de sus dos adversarios, vamos entendiendo por dónde va el asunto.
Como era de esperarse, una propuesta de cero corrupción pone a temblar a quienes pretenden continuar exprimiendo los recursos de la Nación para sus egoístas intereses. Y no solo eso: pone a temblar a quienes han robado en el pasado de manera cada vez más frenética desde que Santos se robó toda una bonanza petrolera, quedando él y sus secuaces en la impunidad. Ya va siendo hora de que paguen y de que los miles de millones de dólares retornen al país para su reconstrucción, luego del desastre castrochavista que impuso el mequetrefe.
Poder ver una luz creciente de esperanza es un gran alivio para quienes vimos que lo que más temíamos —el ascenso del comunismo, ya fuera por la vía armada o por los votos— se estaba haciendo realidad con las elecciones de hace cuatro años. Me recuerda mi hija que estuve enfermo seis meses a partir de junio de 2022, cuando se dio lo que de ninguna manera debió darse: un triunfo electoral de un aliado del Foro de São Paulo que seguía instrucciones fielmente. El previo robo de las elecciones a Trump, a favor del peor presidente de la historia de los Estados Unidos, favoreció los intereses de una izquierda aliada con el terrorismo y el narcotráfico en América Latina.