Se insultan, se abrazan… y quieren gobernar Colombia
La campaña se llenó de ataques personales, pero las alianzas llegan sin memoria. ¿Convicción o cálculo político?
En la política colombiana de hoy, el insulto dejó de ser un exceso para convertirse en método. No es un desliz: es estrategia.
Se dicen de todo. Se descalifican en público, se cuestionan en lo personal y se atacan con nombre propio. Las redes amplifican cada frase, cada pulla y cada golpe bajo. Así, la conversación se degrada mientras el aplauso crece.
Los mismos que ayer no se soportaban, hoy se sientan. Los que se deslegitimaban, ahora se reconocen. Los que marcaron distancia, hoy buscan cercanía, muchas veces sin explicaciones, sin matices y sin memoria.
El problema no es que se reconcilien. La política también es diálogo. El problema es que casi nunca explican ese tránsito.
¿Cómo se pasa del insulto a la alianza sin una sola explicación coherente?
¿Cómo se le pide al país sensatez cuando la dirigencia se mueve por conveniencia?