No eran piñatas de cumpleaños. Eran, al parecer, piñatas de contratos. Así es como muchos terminaron interpretando las revelaciones publicadas por la revista Semana, que describen una presunta red de influencias alrededor de la contratación pública y que hoy está bajo el escrutinio de las autoridades.
La metáfora no nace por casualidad. Una piñata representa un premio que todos quieren romper para quedarse con su parte. Y esa es precisamente la sensación que dejan las denuncias conocidas: la de un Estado que, según la investigación periodística, habría sido visto por algunos como un botín y no como una institución al servicio de los ciudadanos.
Lo realmente escandaloso no son las fotografías ni los videos que hoy vuelven a circular. Lo verdaderamente grave son las preguntas que deja la investigación: ¿existió una estructura para influir en contratos públicos?, ¿se utilizaron relaciones de poder para obtener beneficios indebidos?, ¿quiénes participaron y hasta dónde llegaba esa red? Esas respuestas deberán darlas las autoridades competentes.