Durante años, Colombia pareció avergonzarse de pronunciar palabras como seguridad, autoridad y cooperación militar. Mientras los grupos armados ampliaban su presencia, el narcotráfico recuperaba territorios y las comunidades quedaban atrapadas entre fusiles, el Gobierno saliente convirtió buena parte de la política de defensa en una discusión ideológica. Ahora, el mensaje empieza a cambiar.
Estados Unidos anunció la puesta en marcha del denominado Plan Patriota 2.0, una nueva iniciativa de cooperación militar y estratégica con Colombia que buscará combatir organizaciones terroristas, enfrentar las redes del narcotráfico y fortalecer las capacidades de seguridad y defensa del país.
Joseph Humire, funcionario estadounidense encargado de los asuntos de seguridad para el hemisferio, confirmó públicamente la intención de elevar la relación bilateral durante el próximo gobierno. “Colombia es históricamente uno de los socios de seguridad y defensa más fuertes de Estados Unidos. Bajo el liderazgo del presidente entrante Abelardo De la Espriella, planeamos llevar esta asociación a nuevos niveles con el Plan Patriota 2.0”, escribió en su cuenta de X.
No es una declaración menor. Colombia vuelve a ser reconocida como un aliado estratégico y no como un país que debe pedir disculpas por combatir a quienes secuestran, extorsionan, trafican cocaína, reclutan menores y controlan territorios mediante el miedo.
La seguridad vuelve al centro
El nombre escogido tampoco es casual. El primer Plan Patriota fue una de las principales operaciones militares desarrolladas durante el gobierno de Álvaro Uribe, con respaldo estadounidense, para recuperar zonas que durante años estuvieron bajo el dominio de las antiguas Farc. La estrategia estuvo vinculada a la Política de Seguridad Democrática y fue considerada una continuación operativa del Plan Colombia.
Hablar ahora de un Plan Patriota 2.0 envía una señal inequívoca. La seguridad volverá a ser una prioridad de Estado.
Sin embargo, el verdadero desafío no estará en el nombre ni en las fotografías tomadas en Washington, sino en su ejecución. Colombia necesita inteligencia, tecnología, movilidad aérea, control territorial, cooperación judicial y capacidad para perseguir las estructuras financieras que sostienen el narcotráfico y las organizaciones criminales.
También necesita una Fuerza Pública respaldada política y jurídicamente. No se les pueden exigir resultados a los soldados y policías mientras desde el poder se les señala, se les desautoriza o se les deja solos ante los tribunales y frente a organizaciones que no respetan ninguna regla.
La nueva iniciativa estaría acompañada por la creación de un centro regional contra el narcotráfico y por el ingreso de Colombia a una coalición continental orientada a enfrentar los carteles y sus redes transnacionales. Estos asuntos fueron discutidos durante las reuniones sostenidas en Washington entre integrantes del gobierno entrante y autoridades estadounidenses.