Uno de los mensajes más contundentes del discurso presidencial fue también uno de los más directos: no habrá criminales impunes.
La frase conecta con una sensación que durante años ha recorrido buena parte del país: la idea de que la ley muchas veces llega tarde, de que las víctimas esperan mientras los victimarios negocian y de que la justicia parece más eficaz para unos que para otros.
- Lea aquí: Empieza la patria milagro
Una promesa frente a la impunidad
Abelardo decidió convertir esa preocupación ciudadana en una promesa de gobierno. Su mensaje no estuvo dirigido únicamente a las organizaciones criminales, sino también a millones de colombianos que reclaman un Estado capaz de proteger, sancionar y garantizar que las reglas se cumplan.