Reclamar medicamentos en Colombia, a través de las Entidades Promotoras de Salud (EPS), se ha transformado en una carrera de resistencia. Lo que debería ser un proceso ágil y humano para garantizar el derecho fundamental a la salud, se ha convertido en una experiencia desgastante, especialmente para quienes más lo necesitan: adultos mayores, personas con movilidad reducida, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
El viacrucis comienza desde temprano en la mañana. Las filas se forman antes de que abran las puertas del dispensador asignado por la EPS. A simple vista, el panorama parece una escena repetida cada día: decenas de personas esperando bajo el sol, bajo la lluvia o simplemente de pie, soportando largas horas sin un lugar cómodo donde sentarse. Esta escena fue evidente durante una visita reciente a uno de los centros de dispensación en Bogotá, donde la situación pasó de preocupante a crítica.
El proceso se divide en dos partes: primero, la fila para obtener un turno; después, una fila aún más larga para reclamar los medicamentos. Aunque parezca inofensiva, la primera fila puede tardar entre 10 y 45 minutos, dependiendo del flujo de pacientes y la capacidad del punto de atención. Pero eso solo es el inicio del viacrucis.
Una vez conseguido el turno, el paciente debe pasar a la siguiente etapa: la fila para ser atendido en caja. Allí se presentan las demoras más significativas. El día en que realizamos esta observación, el tiempo de espera promedio fue de dos horas y cuarenta minutos, sin incluir los veinte minutos iniciales para reclamar el turno. En total, más de tres horas para recibir un medicamento recetado por un médico de la EPS.
Durante la espera, la incomodidad es palpable. No hay suficientes sillas ni sombra. Los pasillos son estrechos y mal ventilados. Se observa a personas tosiendo, a adultos mayores en pie, mujeres embarazadas con expresión de cansancio, y pacientes que, en muchos casos, no deberían estar sometidos a estas condiciones mientras buscan aliviar sus dolencias.
Una espera sin garantías
El colmo del proceso llega cuando, tras superar la maratón de espera, el paciente descubre que su medicamento no está disponible. La respuesta es casi siempre la misma: “Debe esperar unos días, vuelva la próxima semana o con gusto se lo enviaremos a su casa”, promesa que, según varios usuarios, no se cumple. Para muchos, eso significa repetir todo el proceso, tomar otro transporte, pedir otro permiso laboral o simplemente resignarse a la impotencia.