Autoconocimiento: el camino para amar sin depender
Sin advertirlo, convertimos a la pareja en refugio, medicina y respuesta para todo aquello que aún no comprendemos de nosotros mismos.
Sin advertirlo, convertimos a la pareja en refugio, medicina y respuesta para todo aquello que aún no comprendemos de nosotros mismos.
Nos acostumbramos a reaccionar con rapidez, pero cada vez dedicamos menos tiempo a reflexionar.
Poco a poco dejé de buscar una agenda y comencé a encontrar una vida.
Mientras luchamos contra enemigos imaginarios, descuidamos la única batalla que realmente importa: conservar la paz del corazón.
La verdadera humildad tiene algo de esa silenciosa generosidad. No necesita aplausos para existir ni reconocimiento para florecer.
Pregúntate a ti mismo: ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero? ¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿Qué me falta ser? ¿Hacia dónde voy? Y la más importante de todas: ¿Quién es el que responde?
Quien desee alcanzar la paz debe ejercitarse en la rectitud y la humildad y ser capaz de pronunciar palabras afectuosas.
Cuando aprendes a cuidar de ti mismo, puedes abrazar amorosamente al niño herido y al adulto inestable, y así dejar de culpar a los demás de tus problemas; eso se llama crecer integralmente.
Sonreír al sufrimiento puede parecer excesivo. Pero lo cierto es que también la tristeza y la desgracia están ahí para nuestro crecimiento.
No dejes tu vida para darle prioridad a otros. Aprende a dar prioridad a tu espacio y desarrollo personal, para no convertirte en la reproducción de vidas ajenas.
Esta excesiva tensión, donde prevalece la imaginación fatalista, va debilitando la capacidad y el sentido común para hacer frente a las dificultades cotidianas de la vida.