Algunas veces en momentos de introspección personal, mirándome al espejo escucho los ecos de una voz que proviene desde muy dentro y me inspira a preguntarme: ¿quién soy yo? Medito y dejo que la respuesta surga espontáneamente:
“En primera instancia, soy niño herido escondido en varios personajes para sobrevivir. Por eso, siento tanta ansiedad, miedo, dolor, ira y resentimiento. Otras veces me gobierna el ego, la ambición, la mentira, la obsesión y la manipulación. También, me disfrazo de luz y de sombra, de poesías y de odios, de amor y de venganza, alegría, pasión, creatividad y deseo de vivir. Entonces, ¿quién soy en realidad?”.
Mi maestro interior me responde: “Esencialmente eres un buscador de la verdad con el propósito excepcional de expandir tu consciencia. De ahí que cada uno de tus personajes han sido inventados por ti, pues interpretas la realidad de acuerdo a tus creencias familiares, sociales y religiosas. La vida es dinámica y cambiante, las puertas espirituales siempre están disponibles para todos, en la medida que descubras lo que viniste aprender en este plano. Sólo así podemos despertar, y cuando lo hagamos, este mundo temporal, físico y material, ya no será nuestro principal propósito de la existencia. Al final hemos logrado ser libres de las cárceles emocionales, retornando a nuestro hogar espiritual”.
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Nuestra vida tiene muchos caminos, pero todos ellos conducen al encuentro de sí mismo, lo cual puede ser una de las experiencias más gratificantes y liberadoras, pero también la más confusa y perturbadora.
Muchas veces el Yo es esclavo de nuestros juicios, opiniones y creencias, dándole prevalencia a lo que deberías ser, en lugar de lo que verdaderamente eres. Si logras entrar en contacto con tu ser profundo podrás caminar serenamente entre las penas del mundo, aprendiendo a vivir en amor, humildad y paciencia. No se trata de sosegar la mente de vez en cuando, sino de cambiar hacia una vida donde no te hagas daño.
Las cosas que hacen las personas tienen básicamente cuatro motores: el amor, el miedo, la venganza y la culpa. ¿Cuál es la tuya? Todo lo que somos, sea malo, regular o bueno, tiene el derecho de ser. Una actitud de reconocimiento puede generarte el cambio esperado.
Existen dos poderes mentales que debemos aprender a manejar: las palabras que afirmamos y la intención de los pensamientos que tenemos. Tu esencia está más allá de las riquezas materiales, el reconocimiento social o el poder económico. El alma no tiene límites.