Buda ofreció un gran número de meditaciones sobre el amor. En cierta ocasión, cuando un grupo de monjes le dijo que los espíritus que vivían cerca del bosque en el que se hallaba su monasterio están haciendo sufrir a otras personas. Buda les enseñó el Metta Sutta (Disertación sobre el Amor):
Quien desee alcanzar la paz debe ejercitarse en la rectitud y la humildad y ser capaz de pronunciar palabras afectuosas. De ese modo sabrá cómo llevar una vida sencilla y feliz, con sus sentidos en calma, sin dar cabida a la avaricia ni dejarse llevar por las emociones de la mayoría de la gente. Que esa persona no haga nada que los sabios no aprueben. [Ésta es la aspiración de esa persona]:
Que todos los seres vivos tengan felicidad y seguridad, y que su corazón esté lleno de alegría.
Que todos los seres vivos tengan paz y seguridad, sean débiles o fuertes, bajos o altos, grandes o pequeños, visibles o invisibles, estén cerca o lejos, hayan nacido o estén aún por nacer. Que todos ellos vivan en perfecta tranquilidad.
Que nadie lastime a otro. Que nadie ponga en peligro la vida de otra persona. Que nadie, movido por la ira o un mal deseo, quiera nada que pueda perjudicar a alguien.
Así como la madre ama y protege a su único hijo, incluso arriesgando su propia vida, del mismo modo debemos cultivar un infinito amor para ofrecerlo a todos los seres vivos del cosmos. Que nuestro infinito amor llene el universo, su parte superior, inferior e intermedia. Nuestro amor no conocerá obstáculo alguno, y nuestro corazón se verá totalmente libre de odio y enemistad. Estemos de pie o andando, sentados o tendidos, mientras permanezcamos despiertos, debemos ser conscientes de este amor en nuestro corazón. Ésta es la más noble manera de vivir.
Libres de erróneas concepciones, de avaricia y deseos sensuales, viviendo en la belleza y alcanzando la perfecta comprensión, aquellos que practica el infinito amor trascenderán, sin duda, el nacimiento y la muerte.