Para nadie es un secreto que el fútbol es uno de los deportes nacionales favoritos. Sobre este, existen todo tipo de festividades, cantos, hinchadas y cuentos, al punto de ser una de las pocas razones por la que los colombianos detienen casi toda actividad de su día a día para ver jugar a sus equipos. Una afición que generalmente es inculcada desde la infancia, partiendo de las escuelas para nuevos talentos, hasta las canchas de barrio, cotejos familiares, intercolegiados, entre otros tantos escenarios deportivos.
No obstante, si bien es cierto que el deporte es “una de las actividades más importantes que impacta sobre el bienestar físico y la salud mental de quienes lo practican”, el reputado neurocirujano Remberto Burgos de la Espriella, hace un llamado a tener en cuenta las posibles afectaciones al cerebro de los más jóvenes con prácticas como el cabeceo constante de balones.
“En el fútbol se ha demostrado que el cabeceo produce traumas a repetición sobre el cerebro y estas conmociones cerebrales son responsables de lesiones neurológicas que impactan el desempeño de los individuos. Hay deterioro en las habilidades mentales superiores, alteraciones en el juicio, raciocinio y capacidad de abstracción”, aseguró el galeno en su más reciente columna en Kienyke.com.
Sobre esto, De la Espriella asevera que la población más vulnerable frente a estas afectaciones cognitivas son los niños entre los 5 y 12 años, principalmente porque “la proporción cabeza-cuerpo es mayor y su cerebro está en pleno proceso de formación y desarrollo”.
“Además, la columna cervical no es sólida y los músculos de la nuca no están preparados para contrarrestar el impacto de los cabezazos”, señala.
Para responder a ello, Remberto Burgos promueve una campaña de “fomentar el deporte protegiendo las neuronas”, que incluye seguir promocionando al fútbol “sin que se convierta en un factor de riesgo que atente contra el desempeño futuro del ciudadano en formación”.
Esa propuesta también incluye reducir o eliminar el uso de la cabeza dentro de las herramientas deportivas, por lo menos en esta etapa del proceso formativo de los niños, impulsando más el uso de la cabeza y el cerebro, por ejemplo, en el desarrollo de estrategias para el triunfo.
“No podemos perder este partido. Pobre ganancia para un país: niños de alto rendimiento deportivo y mañana adultos de pobre capacidad cognitiva y deficiente competitividad intelectual”, puntualiza.
Comunidad científica sobre el efecto de los cabezazos
La denuncia del doctor Remberto Burgos no es un tema nuevo en el ámbito deportivo, aunque no por ello es menos importante. Como él mismo lo menciona en su columna, varios estudios internacionales señalan que los golpes en la cabeza en deportes como el fútbol americano, boxeo, fútbol regular, rugby y demás actividades de contacto, tienden a desarrollar problemas cognitivos en los deportistas.
Según el portal kidshealth.org, patrocinado por la Fundación Nemours, uno de los mejores sistemas de salud pediátrica de los Estados Unidos y que además colabora desde la investigación en el cuidado de la salud de los niños, señala que en efecto la práctica deportiva (aunque saludable) aumenta el peligro de sufrir conmociones cerebrales leves o graves por los golpes o choques con objetos y demás jugadores.
“Estos accidentes pueden causar conmociones cerebrales, un tipo de lesión cerebral. Esto es aplicable a todos los deportes, no solo a aquellos donde haya contacto físico, como el fútbol americano o el hockey”, escribe el medio especializado.