Entre miradas de asombro, orgullo y en muchos casos de incertidumbre, estadounidenses y ciudadanos del mundo han presenciado la evolución de la robótica en los últimos años. Una de las empresas que mayor conmoción ha causado ha sido precisamente Boston Dynamics, que tiene como misión el desarrollo de “máquinas dinámicamente estables y con patas''.
En los últimos tiempos esta compañía ha sorprendido a millones de internautas con sus fascinantes máquinas, siendo quizá el perro robot “spot” una de las más conocidas. Éste, al día de hoy funciona como apoyo en la construcción, los servicios de seguridad y atención de desastres, la inspección industrial, recolección de información, entre otras utilidades.
Hace unos días Boston Dynamics generó gran revuelo en Internet con un video de su robot humanoide “Atlas” realizando acrobacias de parkour de manera exitosa. Algo que para muchas personas significó un logro increíble en el plano de la robótica y para otros vuelve cada vez más cercano uno de los miedos más profundos de la humanidad: el día en que el hombre se vea reemplazado por las máquinas.
Sin embargo, lo que quizá las personas desconozcan es que para realizar dichas hazañas, “Atlas” tuvo un largo proceso de aprendizaje que le permitió finalmente superar la pista de obstáculos. Un circuito prediseñado que el robot tuvo que recorrer en varias ocasiones, fallando en la mayoría de ellas.
“Los ingenieros en robótica han estado trabajando en esta rutina durante meses”, aseguró la empresa en un comunicado.
El por qué elegir el parkour como línea de aprendizaje y entrenamiento de los robots, software y demás desarrollos de Boston, tiene que ver con que esta actividad “le da al equipo de Atlas una caja de arena perfecta para experimentar con nuevos comportamientos. Es una actividad de todo el cuerpo que requiere que Atlas mantenga su equilibrio en diferentes situaciones y cambie sin problemas entre un comportamiento y otro”.
Esto es necesario porque, según la compañía, el funcionamiento de un robot humanoide tiene retos de estabilización que no tienen que enfrentar, por ejemplo, con “spot”, que tiene cuatro patas en lugar de dos.
“Su combinación de tamaño y complejidad crea compensaciones en el diseño de hardware relacionadas con la relación resistencia / peso, tiempo de ejecución, rango de movimiento y robustez física. Al mismo tiempo, nuestro equipo de control tiene que crear algoritmos que puedan razonar sobre la complejidad física de estas máquinas para crear un amplio conjunto de comportamiento coordinado y de alta energía”, asegura Scott Kuindersma, líder del equipo Atlas en Boston Dynamics.
En un video de hace siete meses, esta compañía tecnológica ya había sido sensación en Internet por cuenta de una coreografía realizada por sus robots “Atlas” y “Spot”, bailando la popular canción “Do you love me?” de The Contours. En dicho corto también aparecen otras máquinas desarrolladas por Boston.
Sin embargo, la diferencia entre un video y el otro es mucho más profunda de lo que parece, por lo menos en lo que respecta a “Atlas”. De acuerdo con la compañía, la desemejanza de ambos logros gira en torno a un factor en específico: la capacidad del robot para discernir sobre sus movimientos sin la necesidad de preprogramar sus acciones.
“Los videos de baile trataban de capturar nuestra capacidad para crear una variedad de movimientos dinámicos y encadenarlos en una rutina que pudiéramos ejecutar una y otra vez”, precisan sus desarrolladores.
En cambio, para su debut en el parkour “Atlas” tuvo que adaptar sus comportamientos “en función de lo que veía”, lo que significa entre otras cosas que los “ingenieros no necesitan preprogramar los movimientos de salto para todas las plataformas y huecos posibles”, sino que se limitan a crear comportamientos de plantilla que puedan adaptarse al entorno. Finalmente serán los algoritmos quienes decidan.
En cuanto a las reacciones a los videos, ambos ya cuentan con millones de reproducciones y han recibido tantos halagos como preguntas en Twitter. Mientras algunas personas se niegan a creer que sea verdad, otros se preguntan por cómo esto podría afectar a los humanos en el futuro.
El miedo a la inteligencia artificial
En síntesis, aquello que permite a Atlas determinar qué movimiento usar o no en su ejercicio de parkour, son los algoritmos, base del desarrollo de la inteligencia artificial. Hoy en día, esta está presente en casi todo lo relacionado con la computación, Internet, ciberseguridad, aparatos electrónicos, sistemas de gestión de información, asistentes de voz como “Siri” o “Alexa” e incluso en los algoritmos que determinan qué publicidad mostrar a los internautas en función de sus gustos y consumos.
No obstante, cada vez que sucede un avance en materia robótica, la inteligencia artificial empieza a ser relacionada con aspectos negativos, muchas veces enfocados en la posible pérdida de trabajos humanos.
La creencia es que el llamado proceso de “automatización” de las empresas y de las líneas de producción han acabado y van a acabar con un buen número de empleos. Algo que ha estado presente sobre todo en la reducción de fuerza laboral en las líneas de producción de grandes compañías.
Sin embargo, en el siguiente video, por ejemplo, un usuario en Youtube muestra un video de "Spot" trabajando como mesero en Sevilla. Aunque al parecer se trataba de una demostración publicitaria, permite evidenciar qué tan versátiles pueden ser estas máquinas desarrolladas por Boston Dynamics.
De acuerdo con el informe “The future of work 2020” del Foro Económico Mundial, para 2025 el tiempo empleado para determinadas tareas actuales será el mismo para máquinas y humanos. De igual manera, el 43% de las empresas consultadas por dicha entidad, indicaron estar listos para reducir su fuerza laboral debido a la integración de tecnología.
Por otro lado, el 41% planea expandir su uso de contratistas para tareas especializadas y el 34% planea expandir su fuerza laboral debido a la integración de tecnología. Un proceso que sirve de contrapeso y que nace en el seno de aquellas empresas que han visto en la tecnología la oportunidad para crear nuevos y más especializados puestos de trabajo, mientras delegan otras labores a las máquinas.
La crisis del coronavirus, por ejemplo, generó resultados muy interesantes en cuanto a cambios laborales en las grandes empresas. Aunque la automatización siguió dentro de los planes para enfrentar el problema, ya no es la principal prioridad.
En primer lugar, casi imbatible, se encuentra la digitalización acelerada del trabajo. El 84% de los empleadores encuestados por el Foro Económico manifestaron estar interesados en avanzar con la transformación digital, implementando nuevas herramientas y plataformas de videoconferencia. Seguido a ello, el 83% aseguraron también que desean desarrollar alternativas de trabajo remoto para sus empleados.
Eso, mientras la automatización de las tareas está en tercer lugar, con solo un 50% de aprobación. En ese sentido, en la proyección de tecnologías a adaptar de aquí a 2025, las herramientas de almacenamiento en nube, big data, ciberseguridad e inteligencia artificial ocupan los primeros lugares, dejando a los robots en cuarto lugar con un 10% de interés.
Las cosas así, a pesar de los grandes avances en robótica, aún es muy difícil pensar que puede llegar a darse un reemplazo total de la fuerza laboral humana. Aunque poderosos, los algoritmos de la inteligencia artificial están muy lejos de alcanzar las capacidades de razonamiento necesarias para el desarrollo de algunos trabajos. Un ejemplo de eso es Sofía, uno de los robots humanoides más poderosos en materia de IA, desarrollado por la firma japonesa Hanson Robotics.
En una entrevista hecha a esta máquina por el programa español “El Hormiguero”, Sofía respondió de la siguiente manera cuando se le preguntó si creía que un robot podría llegar a ser presidente de un país: “Tal vez muy lejos en el futuro. Por ahora los robots no están listos para eso. Una tarea tan difícil necesita conocimientos, pero también empatía, sueños, imaginación. Son habilidades que solo tenéis los humanos”.
En ese orden de ideas, por lo menos por lo pronto, la labor de las máquinas seguirá siendo mejorar la eficiencia en las líneas de producción, apoyar tareas en los que los humanos pueden salir lastimados (como el desminado humanitario, la atención de desastres, desactivación de bombas, entre otros) o incluso sirviendo a los humanos en su vida cotidiana. Una realidad diferente, con conciencia robótica y autonomía en la toma de decisiones, aún está muy lejos de hacerse cierta.