La llegada de las Farc al Congreso

Uno de los fenómenos políticos más esperados luego de la firma del acuerdo entre el gobierno y la extinta guerrilla de las Farc era la entrada de los excombatientes al Capitolio Nacional. Se espera

Uno de los fenómenos políticos más esperados luego de la firma del acuerdo entre el gobierno y la extinta guerrilla de las Farc era la entrada de los excombatientes al Capitolio Nacional. Se esperaba, antes de las elecciones, que este fuera un Congreso renovado fruto de la efervescencia política; además que tuviera como protagonistas a Álvaro Uribe y los excombatientes que dejaron el monte para incorporarse a la vida civil. La mayoría de estas expectativas no se cumplieron. El pasado mes de marzo de 2018 se adelantaron en Colombia las elecciones para Congreso, una votación que dejó grandes ganadores, sorpresas y sin sabores, todo en medio de un país polarizado que se preparaba para la elección presidencial. Los comicios dejaron como ganador al Centro Democrático que logró 20 senadores y que llegó a la Presidencia de la República con el exsenador Iván Duque. El pulso político estaba enfocado en la votación que fuera a sacar el nuevo partido de las Farc, Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, una colectividad que no necesitaba lograr el 3% de los votos totales, como lo exige la norma, para conservar la personería jurídica, pues, fruto del acuerdo tendrían 5 senadores y 5 representantes de manera automática. Los ojos políticos estaban sobre las Farc pues se quería saber cuál era su verdadero caudal electoral y su verdadera presencia en el territorio, así como su posible representación del país rural. Sin embargo, lograron solo 52,532 votos mientras que la mayor participación fue para el Centro Democrático con 2,513,320 sufragios. Ante el incumplimiento del Gobierno para una implementación del acuerdo varios exguerrilleros en proceso de reincorporación comenzaron a escindirse de las garantías que brindaba el Estado y otros renunciaron a su participación en el Congreso, dejando atrás uno de los puntos más importantes de su lucha armada, la participación en política.
La Farc anunció que sus cinco senadores serían: Iván Márquez, negociador de la extinta guerrilla en La Habana; Pablo Catatumbo, también negociador y jefe máximo del Bloque Occidental; Victoria Sandino, representante de las Mujeres en la estructura armada; Carlos Lozada, excomandante del frente Sexto y Sandra Ramírez, viuda de Tiro Fijo.
 Y que sus representantes serían: Byron Yepes, miembro de las Farc en San Vicente del Cagüán; Jairo Quintero, subcomisionado para el fin del conflicto en la mesa de diálogo; Jesus Santrich, miembro del Estado Mayor Central de la extinta guerrilla; Marco Calarcá, facilitador del proceso entre las Farc y el Gobierno y Olmedo Ruiz, miembro de las Farc en Antioquia. [single-related post_id="1004066"]  Sin embargo, el proceso para la incorporación política de los guerrilleros se complicó; todo comenzó cuando la Fiscalía General de la Nación ordenó la captura de Seusis Pausivas Hernández Solarte, también conocido como Jesús Santrich, quién es acusado por la Fiscalía de los Estados Unidos como la cabeza de una organización que pretendía exportar 10 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos con un precio, aproximado, en el mercado local de 320 millones de dólares. La organización a la que pertenecía Santrich, al parecer llevaba desde junio de 2017 delinquiendo, es decir, seis meses después de firmado el acuerdo con el Gobierno de Juan Manuel Santos. La orden de captura además de atizar el ambiente político de la nación, llevó a que otro de los negociadores, Iván Márquez, quien además sería la cabeza de lista del Senado, se retirara hacia la zona de reincorporación de Miravalle en el Caquetá. Cabe anotar que un sobrino de Márquez también fue capturado por la Fiscalía y en este momento rinde testimonio ante la justicia de los Estados Unidos. Ya en el Caquetá, Márquez y Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa (otro excombatiente), salieron de los límites de ese lugar y en este momento se desconoce su paradero; aunque Márquez y El Paisa siguen como parte del proceso según la Justicia Especial para la Paz se teme que se reincorporen a las filas de las llamadas disidencias, o grupos residuales de la guerrilla. Mientras se desarrollaba la campaña a Congreso, el candidato presidencial de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverry, también conocido como Timochenko, y los candidatos de ese partido al legislativo comenzaron a caminar por los barrios del país buscando apoyo político de los ciudadanos; no obstante, fueron recibidos con botellas, huevos e insultos que pronto se transformaron en grescas que tuvieron que ser controladas por la Fuerza Pública. Hay que decirlo, algunos miembros del partido opositor a las Farc también fueron los protagonistas estos sucesos atizando la situación. Ya el día de la elección el partido de las Farc llegó desboronado, varios de sus miembros no podían tomar posesión del cargo en el Congreso (unos porque se evadieron y otros porque fueron capturados) y además el excandidato Timochenko tuvo que retirarse de la campaña presidencial por problemas de salud. Por ahora los representantes y senadores del partido Farc hacen equipo con las bancadas que se declararon en oposición al Gobierno, sin embargo, no han tenido el protagonismo esperado en las discusiones legislativas.

Los ecos del pasado

Para finales de este año la cifra de líderes sociales asesinados llegó a 423, un proceso de exterminio que todavía no está claro su sistematicidad y procedencia. Sin embargo, desde que se firmó el acuerdo de paz estos crímenes han ido aumentando en número por lo que la coincidencia llevó a que muchos excombatientes compararan el proceso con el que sufrió la Unión Patriótica. En 1985 el gobierno de Belisario Betancur y el Estado Mayor de las Farc en la Uribe, Meta, firmaron un cese el fuego que se convertiría en el preámbulo de un proceso de paz, como parte de la firma se creó la Unión Patriótica (UP), un partido político que conglomeraba a la sociedad que buscaba justicia social y a miembros de la guerrilla. Un año después la UP logró en las elecciones parlamentarias y regionales 24 diputados departamentales, 275 concejales, 4 representantes a la cámara y 3 senadores, entre los que estaban Iván Márquez. Sin embargo, también fueron golpeados por más de 300 militantes asesinados.  Pese al gran apoyo popular de los elegidos y de los candidatos presidenciales esto llevó al rompimiento del proceso. Volviendo a la situación actual la extinta guerrilla esperaba un apoyo popular masivo, como el que tuvo la UP en su momento, no obstante sus expectativas no se cumplieron; las políticas propuestas no llegaron a calar en la población nacional y el pasado de terror en las regiones fue exacerbado por sus críticos, por lo que la participación de la extinta guerrilla.