La competencia por la Presidencia de 2026 avanza, pero la definición de quiénes llegarán finalmente a la primera línea sigue abierta. En distintas colectividades, la escogencia del candidato se ha convertido en un proceso prolongado, lleno de ajustes internos, desacuerdos metodológicos y anuncios que se revisan una y otra vez. La caricatura lo resume como una obra todavía inconclusa: “Disculpe las molestias, candidato en construcción”.
En la Fuerza de las Regiones, la salida de Héctor Olimpo Espinosa reacomodó el tablero. El movimiento había discutido durante días si escoger su candidatura mediante una encuesta única o si era necesario aplazar el proceso. Finalmente, los tres precandidatos restantes anunciaron que seguirán adelante con el cronograma inicial y que el 1 de diciembre será proclamado un nombre único. La situación refleja la dificultad de las nuevas coaliciones para fijar reglas estables y sostenerlas en medio de presiones territoriales y cálculos estratégicos.
En el Centro Democrático, el panorama tampoco ha sido lineal. El partido inició el año con la idea de una encuesta interna, pero terminó descartándola para participar en una consulta interpartidista en marzo, bajo un mecanismo todavía por precisarse. La decisión busca evitar divisiones, pero también muestra el reto de articular procesos internos con escenarios electorales más amplios.