Antes de la comunicación verbal los humanos nos entendíamos a través de las expresiones faciales, las posturas y los gestos. De esta forma, nuestras emociones eran proyectadas sin el filtro de las palabras.
Posteriormente, con la formación del neocórtex empezamos a ordenar los sonidos en palabras desde la sintaxis, cuyo propósito es organizar los signos y símbolos para entender y expresar el mundo que percibimos. Muchas veces, aprendiendo a disimular la verdad mediante las palabras como una estrategia de sobrevivencia ante diferentes situaciones de la vida.
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Sin embargo, al cuerpo no es posible mentirle. Conscientemente, podemos afirmar frases que contradigan lo que sentimos, pero tarde o temprano, nuestro inconsciente revelara la verdad a pesar de cualquier esfuerzo por intentar ocultar nuestros deseos. Por esta razón, la intuición hace que confiemos más en lo que vemos que en lo que escuchamos.
Ahora bien, si queremos tener certeza sobre lo que nos cuenta y afirma nuestro interlocutor, basta con detenernos y observar si lo que está diciendo es congruente con la posición de su cuerpo y los gestos que realiza.
Es como cuando vemos una película cuyo idioma no entendemos, los subtítulos se convierten en la guía para comprender la historia. También, podemos comprobar el poder expresivo del lenguaje corporal observando las viejas películas del cine mudo, allí se entendía toda la trama sin la intervención de las palabras.
Es importante entender que el lenguaje no verbal, está contenido en el circuito de la comunicación verbal y cuenta con un emisor y un receptor, un mensaje y un canal unificador.
En este caso, es el subconsciente del emisor quien a través de su cuerpo envía otras señales no convencionales que pueden develar sus verdaderas intenciones.
Entonces, si el receptor está bien entrenado en estas técnicas de comunicación analizará los gestos, la postura corporal, la dirección de la mirada y los movimientos oculares del interlocutor, llegando a conclusiones muy interesantes para verificar la autenticidad de la conversación y su mensaje de fondo.
Recordemos que nuestro cerebro se comunica mediante tres canales: el racional, el emocional y el intuitivo. El primero, se encarga de filtrar la información y las sensaciones que no estamos dispuestos a transmitir. No obstante, los dos últimos, queramos o no, revelan de forma certera los datos más ocultos de la persona cuya acción es proyectada en el lenguaje no verbal.
En resumen, si lo que afirmo es consecuente con los movimientos de mi cuerpo y la gestualidad de mi rostro, es creíble y sincero. De no ser así, estoy haciendo un intento por acomodar a través de un guion lo que quiero encubrir.
Otro aspecto interesante de esta práctica es el de centrarse en la cara de quien pretendemos analizar. Se dice que los ojos son el espejo del alma, pero también las “micro expresiones” del rostro aportan valiosa información, pues son medios muy poderosos para difundir las emociones.
La importancia del lenguaje no verbal en nuestra vida cotidiana se refleja, en que es 20 veces más potente que la comunicación verbal.
Por lo tanto, si logramos aprender a usar estas herramientas es posible mejorar la interacción con los demás, comunicando nuestra verdadera identidad con precisión y entendimiento al emitir sentimientos libres de engaños.
De este modo, las cosas que emprendamos tienen un alto índice de éxito pues “cuando las cosas son claras son doblemente mejor”.
Descubriendo el valor del lenguaje no verbal
Es de anotar, que el cerebro es un canal que distribuye la energía tanto física como emocional y activa las facultades de la mente para la interpretación de todo tipo de códigos, símbolos y lenguajes con el fin de entender mejor la realidad exterior e interior.
Como practitioner en PNL (Programación Neurolingüística) y experto en lenguaje no verbal, soy consciente de la importancia del intercambio de información entre dos o más participantes al momento de transmitir, recibir e interpretar un mensaje.
Estas técnicas son de gran utilidad, ya que permiten conocer más a fondo los patrones de comportamiento y la verdadera intencionalidad de las personas a nivel laboral, social, familiar e incluso en la relación de pareja.
Por ejemplo, durante los tres años que duró mi paso por la Fiscalía General de la Nación en calidad de asesor del despacho y de recursos humanos, logramos consolidar un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogas, logoterapeutas, expertos en PNL y comunicación no verbal para crear un módulo de bienestar laboral llamado: “Programa de Humanización para la FGDN”.
Su finalidad inmediata era la de mejorar el clima laboral no sólo en la sede central de Bogotá, sino también en todos los departamentos del País.
Para el efecto, realizamos con éxito varios talleres y laboratorios vivenciales orientados hacia la gestión emocional y la capacitación del análisis de la comunicación no verbal, dirigido a cientos de sus más altos funcionarios.
Asimismo, desde hace muchos años he venido aplicando y enseñando estas eficaces herramientas transformativas en grandes compañías multinacionales y destacadas organizaciones de la construcción, la industria y el comercio. Del mismo modo, en sectores de la salud, la banca y los fondos de inversión junto con algunas empresas del sistema integrado del transporte público.