A comienzo de este inaudito año 2020, nadie imaginaba que un invisible virus se fuera a propagar con tan aterradora velocidad, al punto que obligó a todos los países del mundo y a miles de millones de habitantes, a encerrarse en sus casas para detener su mortal contagio.
Todo esto que hemos vivido durante varios meses, parece sacado de una película de ficción. Desafortunadamente no es así. Por el contrario, se trata de una de las más crudas realidades que como civilización nos ha tocado vivir.
El coronavirus sumió a la humanidad en la incertidumbre, el dolor, la angustia y el miedo. Su paso por cada una de las naciones ha sido peor que docenas de tsunamis, terremotos o huracanes.
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Sin duda, la vida nos cambió y nunca podrá ser igual. Ahora nos damos cuenta de nuestra propia fragilidad, ya no creemos en superhéroes o en habilidades mágicas que nos salvaban del peligro con tan sólo llamarlos.
Por eso, las impresionantes escenas surrealistas reflejadas en las calles desoladas, tristes y vacías nos muestran que de un momento a otro la vida, las creencias y los sistemas de poderes quedaron sometidos por este misterioso virus.
El ejercicio de la paciencia y la resiliencia que ha estado presente en nosotros a lo largo de estos meses de espera, se centralizan en la vacuna contra el COVID – 19 y para conseguirlo, los científicos trabajaron día y noche a fin de producirla. Esta pequeña luz al final del túnel está próxima a llegar a Colombia y precisamente por ese motivo, es que no debemos bajar la guardia.
Mientras ustedes leen este artículo, el número de contagiados y de víctimas fatales crece de forma exponencial y descontrolada. Los expertos están diciendo que esta segunda ola de coronavirus, en su contagio es mucho más veloz que la anterior.
Además, quiero subrayar que la situación sanitaria actual del país se está agravando como consecuencia del comportamiento imprudente de miles de personas que, sin cumplir los protocolos de bioseguridad, parecieran no tener conciencia social y mucho menos un mínimo nivel de autocuidado.
Asombrados observamos cómo las gentes se han volcado a las calles en medio de una euforia que pareciera una completa “locura colectiva”.