“Ese 17 de enero de 2001 yo me encontraba en mi casa durmiendo. Iban a ser las 4 de la madrugada, las 3:46, recuerdo, cuando sentí que bajaban pisadas de botas. Comenzaron a tocar puertas, después se reunieron en una esquina de la plaza del pueblo, se distribuyeron y entraron a una casa vecina, de unos familiares míos. Escuché que había una discusión y los sacaron de sus casa hasta el parque. Comenzaron a sacar obligada a toda la gente del pueblo; yo iba para el parque, pero mi esposa me aguantó a que no saliera.
Y ahí fue cuando un primo que estaba discutiendo con paramilitares en la casa de ellos, alertó a las demás personas, nos dijo que huyéramos, que eran los paramilitares... comenzaron a golpear a los que sacaron de la vivienda. Y bueno, todos los que reunieron los llevaron a un callejón detrás de la plaza, que para verificarles las cédulas... vamos a ver que no era cierto. Los sentaban en una piedra y los golpeaban con un mazo de hierro, eso era lo que verificaban, la muerte para ellos”.
Esto es parte del relato de Rafael Oviedo, uno de los sobrevivientes de la masacre de Chengue, un corregimiento que queda a 40 minutos de la zona urbana del municipio colombiano de Ovejas, en el departamento de Sucre, norte de Colombia.
Hace 19 años, los habitantes de Chengue fueron víctimas de una cruel masacre que dejó 27 muertos. Este sangriento hecho fue cometido por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), cuyo comandante fue Salvatore Mancuso, quien en estos días podría ser deportado a Italia por orden de un juzgado de los Estados Unidos.
Rafael recuerda con la Agencia Anadolu cómo fue aquella madrugada, cuando él y su familia lograron salvarse.
“Yo me fui con mi esposa y mis dos hijas, me escondí en la finca de mi papá, y demoré hasta las 10 (de la mañana) por allá (…) Algunos que vivían en las fincas en los alrededores, bajaron a mirar qué pasaba y a ayudar a apagar el fuego. Pero a muchos les tocó la mala suerte que también cayeron en esos hechos, los mataron también, y bueno, los que estamos vivos fuimos los que alcanzamos a huir de las casas” añade.
Con aflicción relata que, al regresar al pueblo, encontraron “las casas quemadas, los muertos… fue un hecho muy desastroso”. Oviedo perdió un hermano y varios primos; “la mayoría eran familiares, sobrinos, tíos. Por cualquier lado estaba el apellido. Golpearon duro a las dos familias”.
Este, como muchos otros crímenes de los paramilitares, permanecen en la impunidad, afirma. Uno de los comandantes de la masacre de Chengue, Juancho Dique (Uber Enrique Banquez Martínez), estuvo preso ocho años. Se desmovilizó en 2005 tras confesar 565 crímenes, incluidos varias masacres.
En 2015 obtuvo la libertad condicional después de ocho años detenido y de someterse a compromisos con la justicia colombiana, por lo que dejó la Cárcel Modelo de Barranquilla.
“Salió y se acabó la investigación, porque dijo la verdad, pero quien sabe si es verdad eso que dijo. Él fue el único que ha estado preso, yo creo que más nadie. Y creo que salió hecho un profesional de la cárcel, pero las víctimas que tenemos el derecho a la educación y todo eso no hemos podido educar a nuestros hijos en una universidad ni nada”, lamenta.
Oviedo fue uno de los firmantes de una carta pública en la que 116 víctimas directas de Mancuso y otras organizadas bajo el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), le piden a la Fiscalía y la Cancillería colombiana que eviten a toda costa la deportación a Italia del exparamilitar, pues ello “consolidaría un escenario de impunidad para las víctimas de crímenes de Estado y paramilitarismo en Colombia, incluida la de Chengue”.
Al respecto, asevera, que “hay muchas víctimas que están dolidas y que en la actualidad no han recibido ningún beneficio”.
“Esta persona tiene cuentas pendientes con la justicia acá en Colombia, que venga a pagar por los hechos… él tiene que presentarse a la JEP a decir toda la verdad”, dice Oviedo.