El alcoholismo, también conocido como trastorno por consumo del alcohol, es una enfermedad crónica y progresiva caracterizada por una dependencia física, emocional y psicológica al alcohol.
Las personas que padecen alcoholismo, tienen una alergia al Etanol contenido en todas las bebidas alcohólicas. Esta condición les produce una incapacidad para controlar su consumo a pesar de las consecuencias negativas que puede tener en su vida de pareja, personal, social, laboral y de salud.
De esta manera, el alcoholismo se manifiesta dentro de un conjunto de
características específicas, las cuales persisten a lo largo del tiempo, es decir, son cambios progresivos a nivel físico, emocional y social, que se van acumulando a medida que el consumo continúa.
Por eso, hay una afectación no sólo de órganos vitales del cuerpo como el hígado, el corazón y el cerebro, sino también, contribuyendo significativamente a situaciones de peligro como accidentes vehiculares, eventos traumáticos (abuso sexual y maltrato físico), homicidios y suicidios.
La carencia de sobriedad y sentido común a la hora de manejar dichos
comportamientos, se ve reflejado en una constante negación y justificación para no aceptar que existe una problemática desencadenada por el consumo de alcohol hacia estados cada vez más dependientes y auto destructivos.
Lo anterior, permea la salud mental del enfermo, manifestándose como trastornos cognitivos cambios de ánimo, problemas maritales, violencia, relaciones sociales adictivas y vacío existencial por falta de valores.
Síntomas y características del alcoholismo
Cortesía: Caleb Fisher
Las ganas de poder y control de un alcohólico, son de fondo el móvil para dominar un Yo dividido y oprimido, por un amo implacable y destructor: la adicción. Todas las conductas del alcohólico y sus diferentes facetas se deben a su insaciable necesidad de obtener y abusar del poder, lo que permite identificar patrones de conducta singulares como:
1. La negación: El alcohólico niega de manera irracional su enfermedad, sin
importar el nivel socioeconómico e intelectual. La negación es la manifestación del ego, la cual impide un reconocimiento sobre los vacíos emocionales durante la infancia, juventud y adultez, que son los motores para sobrepasar los límites y beber en exceso. Por eso, constantemente en sus mentes se repiten la siguiente afirmación: “¡Yo tengo todo el control! Los alcohólicos no ejercen control alguno, por consiguiente, ¡no soy alcohólico!”.
2. La mentira: Para una persona psicológicamente sana, la mentira puede ser un recurso protector en algunas situaciones, sin embargo, su sinceridad permanece la mayor parte del tiempo. En la vida del alcohólico una herramienta de supervivencia es la mentira permanente, pues intenta a cualquier precio alejarse lo más posible de la verdad que sería el producto de una autoevaluación sincera, llegando a la conclusión de que es adicto. Debido a que las alternativas no son atrayentes, decide adoptar un patrón de mentiras sistemáticas, pues no sólo le dan poder sino también habilita una posición de superioridad respecto de los demás, alimentando el ego.
3. Afición por el éxito: La adicción impulsa a los alcohólicos a escalar
rápidamente en sus profesiones hasta llegar al éxito. Un joven alcohólico tiene una necesidad imperiosa de reafirmar sus impulsos de poder, y el alcohol es un medio que lo catapulta hacia la creatividad pues se vuelven obsesivos compulsivos y perfeccionistas, generando admiración incluso de su círculo más allegado.
4. Deterioro ético: El engaño, la manipulación, la humillación, la falta de lealtad y la infidelidad, son comportamientos que normalizan los alcohólicos, hasta un punto donde quedan envueltos en situaciones tan complejas casi delictivas, donde ya no pueden seguir rompiendo las normas y deben reconocer sus errores. Un golpe duro a su ego soberbio y orgulloso.
5. Resentimiento Irracional: Exageración excesiva de los defectos de los demás para sentirse bien con ellos mismos. Un complejo de superioridad basado en uno de inferioridad, lo que les impide aprender a perdonarse a sí mismos y a los demás, victimizándose constantemente ante las situaciones que no son de su agrado.
6. Emociones superficiales: Es usual ver como el alcohólico debido a sus
compartimientos extremistas, puede alterarse fácilmente ante “ofensas”
imaginarias o todo lo contrario, puede ser incapaz de sentir y manifestar dolor ante situaciones traumáticas de la vida como la muerte, pues su psique no soporta una carga adicional de dolor, con la que diariamente tiene que lidiar a causa de la culpa. De ahí que normalmente cuando expresan un “te amo” por ejemplo, lo utilizan como herramienta para controlar a un ser querido, pero esa frase no es más que otra mentira para alivianar las expectativas.
7. Encanto: El alcohólico desarrolla una personalidad al estilo clásico de los
personajes del escritor Robert Louis Stevenson: “Jekyll y Hyde”, es decir, con su encanto seducen y convencen a los demás con el fin de lograr sus objetivos egoístas. Una conducta tan nociva como reveladora, pues unas veces son amigables y cariñosos, y otras son capaces de insultar cruelmente sin importar las repercusiones.