La vida nunca prometió certezas
Muchas personas pasan años esperando sentirse seguras para empezar a vivir. Esperan que desaparezcan los problemas, que llegue la estabilidad económica, que la salud mejore, que aparezca la pareja ideal o que el futuro se vuelva más predecible. Sin embargo, la vida rara vez funciona de esa manera. Siempre existe alguna preocupación, algún desafío pendiente o alguna pregunta sin respuesta.
Quizá el problema no sea la incertidumbre. Quizá el problema sea creer que necesitamos eliminarla para poder ser felices.
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Hace muchos años, un psiquiatra austríaco llamado Viktor Frankl encontró una respuesta extraordinaria a este dilema humano. Su mensaje sigue siendo tan vigente hoy como entonces: la vida tiene sentido incluso cuando no entendemos todo lo que sucede.
¿Quién fue Viktor Frankl?
Viktor Emil Frankl nació el 26 de marzo de 1905 en Viena, Austria, y falleció el 2 de septiembre de 1997. Fue neurólogo, psiquiatra y fundador de la Logoterapia, una corriente psicológica basada en la búsqueda de sentido.
Su pensamiento no nació únicamente en las universidades o en los libros. Durante la Segunda Guerra Mundial fue prisionero en varios campos de concentración nazis. Allí perdió a sus padres, a su hermano y a su esposa. A pesar de semejante tragedia, descubrió que algunas personas lograban conservar la esperanza incluso en las circunstancias más terribles.
Aquella experiencia le permitió comprender que el ser humano puede soportar casi cualquier situación cuando encuentra una razón para seguir adelante. De allí surgió una de sus frases más conocidas: “Sí a la vida, a pesar de todo.”
El futuro: un lugar donde casi siempre sufrimos de más
La mayoría de los problemas que nos angustian hoy no están ocurriendo realmente. Están ocurriendo en nuestra imaginación.
Pensamos en enfermedades que no tenemos, en pérdidas que aún no han sucedido, en fracasos que quizá nunca llegarán y en escenarios negativos que solo existen en nuestra mente. Mientras tanto, la vida continúa pasando delante de nosotros.
La ansiedad suele aparecer cuando intentamos vivir un mañana que todavía no existe. El resultado es que dejamos de disfrutar el único momento real que tenemos: el presente.
La ilusión de controlar la vida
Uno de los mayores desgastes emocionales consiste en querer controlar aquello que no depende de nosotros.
No podemos controlar cuánto durará nuestra vida.
No podemos controlar las decisiones de otras personas.
No podemos controlar todos los cambios que ocurren a nuestro alrededor.