Probablemente la música sea la forma más rápida de evocar los sentimientos humanos. Sobre ello se han escrito un sinfín de investigaciones y ensayos, así como existe evidencia en todo tipo de cuentos, poesías, cantos e historias de todos los orígenes y tiempos. Testimonios de lo que fue, retratos de lo que es y predicciones de lo que podría ser, de un mundo que ha encontrado en la narrativa musical una clave para subsistir a la mortalidad terrenal.
La historia de hoy, extiende sus brazos sobre toda una serie de intercambios culturales que, para bien o para mal, son los causantes de esa riqueza étnica, musical, espiritual y cultural que representa la bandera colombiana. El protagonista es el Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, que este 2021, en el marco de la celebración de sus 10 años, decidió dar un paso más allá y llevar sus conciertos de música “sagrada” a los rincones más recónditos del país.
La Catedral de las Lajas, en Ipiales (Nariño), la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Chiquinquirá, la Catedral de Sal de Zipaquirá, la Basílica Señor de los Milagros en Buga o la Capilla de Santa Bárbara en Barichara, son algunos de los escenarios que han servido de anfitriones de estas presentaciones y que lo seguirán haciendo en el margen de la programación que terminará el sábado 6 de noviembre en Santa Cruz de Mompox.
Solo en Bogotá, donde se adelantaron cuatro semanas previas de programaciones especiales de música sagrada (judía, gospel, barroca, renacentista, jazz, húngara, entre otros), el Festival ha ofrecido en 10 años 385 conciertos y actividades académicas en más de 213 escenarios, atrayendo a su paso a más de dos millones de personas. Eventos en su mayoría abiertos y gratuitos, con música tan diversa como su público.
“Estamos en iglesias y templos, en teatros y auditorios, en colegios y universidades, en clínicas, en cárceles, por lo que nuestro público es súper amplio y lo hicimos por toda la ciudad pensando en llegar a esos públicos a los que normalmente no llegaríamos porque no conocen, porque no les interesa o porque de pronto les da temor ir a conciertos que no entienden”, aseguró a kienyke.com Marianna Piotrowska, la directora del Festival.
Es destacable mencionar que cuando a Marianna se le escucha hablar sobre el Festival, al que según sus más allegados le ha dedicado gran parte de su vida, se le nota con una intención muy lejana a la evangelización cultural. Su idea, su concepto, va mucho más allá y se ubica en la comunión espiritual, en permitir ese punto de encuentro entre músicas espirituales de todas las religiones, algunas de corrientes clásicas y otras más contemporáneas, para propiciar el reconocimiento y entendimiento.
“El Festival es de carácter multireligioso, nosotros presentamos músicas sagradas, espirituales, meditativas y contemplativas de diferentes estilos, épocas y religiones. Tenemos desde música gregoriana, del barroco, renacentista, música clásica, música ya más contemporánea, pero también tenemos una selección de músicas espirituales de tribus indígenas de Asia, África y de América Latina”, señala.
Tras la pandemia y ante la insistencia desde varias regiones del país para llevar este tipo de espectáculos a sus territorios, y no “solo a Bogotá”, Marianna cuenta que vio la oportunidad de ir a conquistar todos aquellos espacios de difícil acceso, pero que de igual manera tienen una gran importancia dentro del desarrollo cultural regional y nacional. Empresa para la que contó con aliados clave como el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, y FONTUR.
Niños, adultos mayores, jóvenes y personas de todas las latitudes, se dan cita en estos atípicos escenarios, algunos de los cuales permanecen la mayor parte del tiempo cerrados al público, para sorprenderse con íntimas presentaciones de músicas espirituales que los invitan a reflexionar y a disfrutar Colombia de otra manera.