Desde hace varios años el fútbol se añadió a la extensa lista de rasgos que componen la idiosincracia colombiana, la selección de los 90, la Copa América de 2001 y la última camada de futbolistas colombianos que conquistó tierras europeas han sido fundamentales en ese proceso que transformó nuestra cultura.
Pero esas situaciones son la excepción a la regla, son milagros que el universo permitió y hacen que este deporte nos apasione aún más, sin embargo, el amor al fútbol nace más adentro, en las entrañas, en las cuadras donde se juegan los picaditos y en aquellos compañeros de equipo que pueden ser desde un estudiante hasta el trabajador de una fábrica que aprovecha el break del almuerzo para mostrar sus dotes futbolísticos.
Ante ese particular panorama, Oscar Cardona, un artista visual y documentalista nacido en tierras antioqueñas, que desde muy niño se enamoró del fútbol, hace poco más de un año decidió tomar su cámara fotográfica y retratar la realidad del deporte desde distintos puntos de Medellín para visibilizar el fútbol como fenómeno social, cultural y estético.
Oscar empezó a documentar esa realidad luego de darse cuenta del impresionante poder que tiene el fútbol en la transformación de las comunidades y a partir de ahí consolidó 'Una Cancha Llamada Medellín', un proyecto audiovisual que traspasa la línea de lo artístico y genera transformaciones sociales.
La carga semiótica del proyecto es asombrosa, Oscar le quitó el color al fútbol, literalmente, las fotografías son a blanco y negro, la razón gira en torno a la equidad e igualdad, ya que decidió transmitir el mensaje de que en un terreno de juego todos somos iguales.
“Precisamente lo que quería lograr era ese impacto en el que la gente sintiera un choque y fuera un llamado preguntar el por qué y la razón es que desde el momento que concibo el proyecto planteo dar una mirada de equidad”, explicó Oscar.
Cada una de las fotografías de 'Una Cancha Llamada Medellín' está cargada de la emoción característica de un deporte que se ha convertido parte de la cultura popular de nuestro país. Pero a la vez es un proyecto universal, porque conecta al espectador con el primer partido que jugó en las calles de su barrio, con los juegos con una media o cualquier objeto que ruede y se pueda patear.
“El proyecto te conecta a esas porterías hechas de piedra, con los amigos de la infancia, con la calle que te vio patear, las fotografías de una cancha están llenas una carga simbólica muy fuerte que conecta con el pasado”.
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“Una cancha no discrimina en estratos socioeconómicos, yo voy desde el estrato uno hasta el seis, porque quiero generar esa conexión emotiva entre todas las clases sociales, independiente de lo económico, intelectual, sin importar si se tiene más o se tiene menos, lo importante es la alegría que se suscita alrededor del deporte”.
Oscar visitó todas las comunas de Medellín, desde el estrato uno hasta el seis, esa estrategia le permitió mostrar realidades que lejos de apartarse se unen por una misma pasión. Sin embargo, cuenta que en las comunidades más humildes las personas lo veían como un agente visibilizador de sus proyectos que volvía a sus territorios para seguir conociendo sus vivencias.