Cientos de carretas tiradas por bueyes desandan cada año por estos días el camino que lleva hasta el Santuario Nacional de Popoyuapa, en el sur de Nicaragua, llevando a bordo uno de los actos de fe cristiana más antiguos del país.
Más de 200 carromatos arriban cargados de peregrinos católicos, que llegan a pagar sus promesas ante el Jesús del Rescate, en los días previos a la Semana Santa.
La imagen del Nazareno, tocado con la corona de espinas, manos atadas y vestido con una túnica roja, invoca el momento cuando el hijo de María fue llevado a la presencia del prefecto romano Poncio Pilatos, quien lo presentó a la multitud y pronunció las palabras "Ecce Homo" (aquí está el Hombre).
Popoyuapa fue la última y al parecer definitiva estación de otro peregrinaje, el de la imagen cuyos fragmentos fueron rescatados de las ruinas de la Ermita de San Sebastián, derruida por el terremoto de Rivas en mayo de 1844.
Pagadores de promesas
Curiosamente, la historia marca el año anterior (1843) como el del inicio de la tradición, aunque otras fuentes suelen situar el hecho mucho más atrás en el tiempo.
Los devotos parten al unísono desde pueblos de los departamentos de Masaya, Carazo y Granada, en este caso cofradías en la región del Pacífico nicaragüense, y se toman cinco jornadas en la ruta que en algunos casos llega al centenar de kilómetros.
En ocasiones las carretas pueden sumar hasta 500 y rebasar los 2.000 la cifra de peregrinos que son recibidos en el Trapiche Méndez, antesala de la culminación del periplo.
Los promesantes suelen usar vestimentas de color morado durante los actos litúrgicos asociados a sus promesas, las unas recientes, aunque también las hay con pagaré de medio siglo.