Al interior de la húmeda y tropical Reserva Nacional del Pacaya Samiria, ubicada al norte de la Amazonía peruana, las comunidades indígenas de los shipibo-konibo y kukama kukamiria se han convertido en protectores de los bosques amenazados por la deforestación. Cuidan de la biodiversa zona mediante el uso sostenible de sus recursos naturales. Su trabajo cuenta con el apoyo del Gobierno peruano y de un incipiente sector privado comprometido con el cuidado de la selva.
Bajo esa filosofía surgió el movimiento Amarumayu, que comercializa los frutos aguaje y camu camu que se generan al interior de las 2 millones de hectáreas que tiene la reserva, en la que viven 965 tipos de plantas silvestres y más de 1.000 especies de animales entre los que se encuentran tortugas, delfines rosados y garzas.
Amarumayu es conformado por el grupo empresarial AJE, el Gobierno peruano y las comunidades indígenas, entre otros. Sus integrantes tienen el compromiso de proteger la reserva de la amenaza constante de los taladores al tiempo que le dan uso al camu camu y al aguaje.
Como parte del movimiento las comunidades recolectan los frutos amazónicos y los venden para que finalmente sean comercializados por el Grupo AJE transformados en jugos.
Ronald Suárez, líder shipibo-konibo, asegura que la iniciativa genera conciencia sobre la importancia de mantener el bosque en pie sin deforestarlo, no solo por un compromiso con el cambio climático sino por la riqueza que les representan los frutos.
“Viene siendo una actividad biocomercial que nosotros estamos aprovechando para vivir sosteniblemente de ella. Creo que esta actividad es de vital importancia por no depredar el bosque”, relata Suárez.
Pedro Gamboa, jefe y presidente del Consejo Directivo del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú, respalda la visión de Suárez sobre el movimiento Amarumayu y resalta que los jugos que resultan de su trabajo “no proviene de la tala ni de una sobreexplotación”.
“En realidad ayuda a las comunidades y locales mientras se presenta un producto de calidad al consumidor final”, destaca Gamboa.
Jorge López Dóriga, director global de sostenibilidad y comunicación del Grupo AJE, afirma que para la fabricación de los jugos solo se usa un 20% de los frutos del aguaje (también conocido como moriche) y del camu camu que da el bosque, para garantizar que el resto sirva de alimento para las especies que habitan la reserva.
“Al menos 180 especies de vertebrados incluyendo tres especies de macacos que están casi extintos viven, por ejemplo, del moriche. Por ello le llaman el árbol de la vida. Entonces hay que cuidarlo”, dijo López.
López menciona que la integración de la empresa a la dinámica de la reserva se dio debido a que se cumplían tres condiciones para que las comunidades y el bosque estuvieran protegidos que son que el área estuviera protegida por el Gobierno, que los indígenas realizaran la recolección de acuerdo a sus tradiciones y tiempos y que se garantizara que la actividad no generaría ningún impacto en la flora y fauna.