Colombia ha intentado negociar con el ELN durante más de cuatro décadas, pero ningún proceso ha terminado en un acuerdo final de paz. La dificultad no está solo en la voluntad de los gobiernos: también pesa la estructura interna de esa guerrilla, organizada entre una comandancia nacional, frentes de guerra regionales y mandos con altos niveles de autonomía.
Una negociación con avances parciales, pero sin cierre
Los primeros intentos se remontan al gobierno de Belisario Betancur, cuando en 1983 se impulsaron diálogos con las FARC y el ELN. Ese proceso abrió una ruta de negociación con varios grupos armados, pero no logró consolidar un acuerdo con todos los actores involucrados.
Luego, durante el gobierno de César Gaviria, el ELN participó en conversaciones dentro de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, junto con las FARC y sectores del EPL. La mesa se instaló primero en Caracas y después se trasladó a Tlaxcala, México, pero terminó suspendida en 1992 tras el secuestro y muerte del exministro Argelino Durán.
En los años siguientes hubo nuevos acercamientos, incluidos contactos durante los gobiernos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Con Santos, en 2016, se anunció una agenda de seis puntos que incluía participación de la sociedad, democracia para la paz, transformaciones, víctimas, fin del conflicto e implementación. Esa misma agenda fue retomada por el gobierno de Gustavo Petro en 2022.
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La estructura interna del ELN
El principal obstáculo no ha sido solo sentar al ELN en una mesa, sino lograr que lo acordado comprometa a toda la organización. El ELN tiene un Comando Central, conocido como COCE, y una Dirección Nacional, pero también funciona con frentes de guerra que agrupan estructuras urbanas y rurales en regiones específicas. En los años 80 el ELN consolidó formalmente una dirección nacional y creó el COCE, pero al mismo tiempo reforzó un funcionamiento federado mediante los frentes de guerra.