El conflicto armado interno ha tenido un impacto tan fuerte en la salud de los colombianos que, según los cálculos del comisionado Carlos Beristain, el país ha perdido cerca de 7 millones de años de vida. Esta cifra surge luego de promediar que cada persona asesinada en el país perdió cerca de 35 años de vida posible y que son cerca de 200.000 los muertos que se estiman por la guerra.
El conflicto no solo ha significado pérdida de años vividos, sino también de calidad de vida, y por eso "la Comisión busca ir hasta el fondo, hasta las raíces de lo que nos pasó”, dijo el comisionado Saúl Franco.
El comisionado afirmó que médicos y comunidades han visto afectada su salud como consecuencia de la guerra en Colombia. Además, la salud como derecho humano universal se ha visto deteriorada en distintas dimensiones, por la inversión en la guerra y no en servicios médicos.
“Somos menos felices cuando nos amenazan y estigmatizan, cuando la realidad y las noticias están llenas de masacres y teñidas de sangre y cuando las ausencias de los secuestrados, desparecidos, exiliados y asesinados no nos dejan dormir y nos impiden saborear lo que comemos”, dijo Franco.
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Según el registro único de víctimas, a lo largo del conflicto armado en Colombia han sido desplazadas 8.056.993 millones de personas, es decir, alrededor del 15% de la población colombiana ha sido víctima de este hecho violento. Perder su territorio causó un profundo malestar emocional, mental y físico.
Cabe recordar que, los grupos armados intimidaron al personal de la salud tildándolos de colaboradores del bando enemigo. Ejercer su profesión les costó legitimidad, tranquilidad e incluso la vida.
El padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, indicó que es de vital importancia comprender que no se puede seguir tolerando lo intolerable, que es necesario trabajar con entusiasmo por la vida para honrar la memoria de quienes trabajando por la salud le enseñaron a a los colombianos a amar la vida.
"Ante esta sacralidad de la vida, lo sagrado no son las instituciones, las empresas, ni los bancos, ni el estado, ni el ejército y tampoco la guerrilla, lo sagrado es la vida como se da particularmente en cada ser humano", afirmó el padre De Roux.
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