Esta es la propuesta que surge de la investigación de la enfermera Nataly Velásquez Silva, magíster en Enfermería con profundización en Oncología y miembro del grupo de investigación “Cuidado y práctica en enfermería, salud familiar, enfermería familiar y medición en salud” de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con la cual sería factible responder a las necesidades reales de estas pacientes.
“Los efectos secundarios que manifiesta la mujer con cáncer de mama se relacionan tanto con la enfermedad como con el tratamiento, pues ambos factores influyen en los ámbitos del bienestar físico, psicológico, social y espiritual de la paciente. Así mismo, un aspecto muy importante pero pocas veces considerado es la afectación de la sexualidad en la mujer con esta enfermedad”, señala la investigadora.
Agrega que “la pareja de la paciente se debe involucrar en el proceso, de manera que todos aclaren dudas, y que con él o ella se conforme un apoyo para la mujer con cáncer de mama y así minimizar nuevos riesgos o incluso el abandono del tratamiento. Esto fortalecería el acompañamiento continuo que realice el equipo de salud, otorgando confianza y seguridad en el curso del tratamiento”.
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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer de mama se ha posicionado como el más frecuente en las mujeres de todo el mundo, incluyendo países desarrollados o en vías de desarrollo.
Esta enfermedad sería la segunda causa de muerte por cáncer entre las mujeres de las Américas, donde cada año se producen más de 462.000 casos nuevos. Por su parte, para las mujeres de América Latina y el Caribe, el cáncer de mama supone el 27 % de los nuevos casos.
Temática poco abordada
El estudio de la magíster incluyó una revisión de la literatura de 35 artículos y diferentes bases de datos de organizaciones, en especial de otros países, pues en Colombia no es una temática que se aborde con frecuencia. Con esos datos se indagó sobre cómo eran las consultas de enfermería para las mujeres con cáncer de mama después del proceso perioperatorio, cuál era el mejor tipo de intervención (grupal o individual) y las características de las mujeres que acudían a estas sesiones, quienes por lo general están entre los 30 y los 63 años.