Incluso en medio de la devastación de la actual pandemia de covid-19, no debe perderse de vista otra pandemia que existe desde hace 40 años: la del sida. Y al igual que los descubrimientos científicos han aportado prometedoras vacunas contra covid, también se han producido importantes avances en la investigación sobre la prevención del VIH.
Dos nuevas e importantes herramientas de prevención del VIH —inyecciones de acción prolongada del fármaco cabotegravir y un anillo vaginal que dispensa el fármaco de prevención del VIH dapivirina— están ahora a la espera de ser aprobadas por las principales autoridades reguladoras.
Si se superan las dificultades para garantizar un acceso equitativo a escala mundial, estas nuevas opciones, junto con los comprimidos orales diarios de gran eficacia denominados profilaxis preexposición (PrEP, por sus siglas en inglés), ofrecen múltiples vías para detener el virus. Si a ello se añade el hecho de que las personas tratadas con éxito de la infección del VIH no pueden transmitir el virus, el mundo pronto tendrá más barreras altamente eficaces contra la infección del VIH que nunca.
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Y sin embargo, a pesar de estas transformaciones en la prevención, la incidencia mundial del VIH se ha mantenido en una tasa elevada durante varios años. Esto es especialmente cierto entre las adolescentes y las mujeres jóvenes, y entre otras poblaciones marginadas, como los hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con hombres, trabajadoras del sexo y consumidores de drogas.
A pesar de los avances en materia de prevención, ONUSIDA estima que 1,5 millones de personas se infectaron con el VIH en 2020, y casi 700.000 murieron por enfermedades relacionadas con el VIH. La incidencia del virus entre las mujeres jóvenes en el África subsahariana supera regularmente el 4 % anual, lo que significa que en muchos países la mayoría de las mujeres jóvenes serán seropositivas a una edad temprana.
¿Qué es lo que todavía falta en la prevención del VIH? La herramienta más importante: una vacuna segura, eficaz y accesible que pueda distribuirse en todo el mundo para proporcionar una protección duradera a largo plazo. Junto con los esfuerzos para acelerar el acceso a las numerosas opciones de prevención del VIH disponibles y emergentes, hay que hacer mucho más para que la vacuna sea una realidad.
Muchos han señalado, comprensiblemente, el rápido desarrollo de las vacunas contra covid-19 y se preguntan por qué no se puede hacer lo mismo con el VIH. Resulta irónico que la velocidad con la que se han logrado vacunas contra en coronavirus se deba en gran medida a la enorme ventaja que ha proporcionado la investigación sobre el VIH. Las tecnologías clave de las vacunas contra el virus que ocasiona el sida se pusieron en marcha con éxito para Covid.
Modelos de investigación colaborativa
Las innovaciones en materia de pruebas de vacunas que se pusieron a prueba con el VIH aceleraron los plazos de los ensayos de la vacuna contra covid. Y los modelos de investigación colaborativa pioneros en el VIH, como la Coalición para la Innovación en la Preparación de la Epidemia (CEPI), reunieron el talento, la experiencia y los recursos de las principales partes interesadas.
Algunos de estos sistemas, en particular los que apoyan el acceso rápido a las vacunas a nivel global, no han podido superar el impacto devastador del nacionalismo y el acaparamiento de vacunas, y proporcionan lecciones fundamentales para los futuros esfuerzos en esta materia.