Actualmente, los trastornos mentales han sido estigmatizados y minimizados en la sociedad y, así mismo, quienes los padecen. Por su parte, la depresión es una enfermedad silenciosa y muy pocos saben identificar sus síntomas y consecuencias, lo que la hace aún más peligrosa.
Según las cifras del portal web especializado ‘Consultorsalud’, más de 300 millones de personas en el mundo sufren o han sufrido de depresión y 800 mil de estos casos terminan en suicidio al año.
Kienyke se comunicó con la psiquiatra Laura Villamil, quien aseguró que “Antes creíamos que la depresión era una enfermedad puramente psíquica y que no causaba la muerte, a menos que el paciente llegara al suicidio”.
“Hoy en día sabemos que la depresión es una enfermedad biológica y sistémica que tiene una gran repercusión psicosocial. Tiene bases anatómicas, fisiológicas y endocrinas”, agregó la experta.
Villamil explicó que, como cualquier enfermedad, la depresión puede afectar el sistema cardiorrespiratorio, el sistema inmune, el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo: “Tiene repercusión en todo nuestro cuerpo”.
En ‘Consultorsalud’ se argumenta que existen dos tipos de depresión:
Trastorno depresivo recurrente y trastorno efectivo bipolar. El primero hace referencia a episodios repetitivos, los que se manifiestan por una pérdida significativa de interés por disfrutar e interactuar alegremente con las demás personas del entorno. También se puede presentar cansancio, falta de sueño y apetito, síntomas que duran mínimo una semana.
El segundo tipo corresponde a episodios maníacos intermitentes -es decir, que vienen y van-, mediante los que el paciente puede sentir irritabilidad, ira, hiperactividad, logorrea y deficiencia de sueño.
Valeria Mendoza, una joven de 23 años, fue diagnosticada con depresión a los 12 años y, según reveló a Kienyke, su trastorno tuvo un detonante químico y hereditario: “Mi papá y mis hermanos sufren de depresión, por lo que mis médicos me dijeron que me había producido un desbalance químico en mi sistema nervioso”.
Mendoza relata que tuvo que ser internada en una clínica psiquiátrica, donde tuvo que ser tratada en repetidas ocasiones con fármacos. El principal signo de alerta que notaron en ella fueron sus conductas autodestructivas y autolesivas, por lo que su familia decidió llevarla con un especialista.