Las redes sociales se han convertido en una máquina de consejos rápidos sobre salud masculina: “el truco definitivo”, “el secreto para rendir más”, “la clave para mejorar el desempeño sexual”. Pero ¿qué tan ciertas son estas recomendaciones? Para despejar dudas, el urólogo Héctor Corredor, de Boston Medical, analiza cinco de los mitos más virales sobre la testosterona y explica qué dice realmente la ciencia.
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¿Sirve la abstinencia para “guardar testosterona”?
Este es uno de los mitos más repetidos. Según Corredor, algunos estudios han registrado un ligero aumento de testosterona tras aproximadamente siete días de abstinencia. Sin embargo, aclara que ese pico es temporal y no mejora de manera real el rendimiento físico o sexual.
“Después de ese breve lapso, los niveles regresan a su rango habitual. No existe una ‘retención de testosterona’ que tenga impacto sostenido”, afirma el especialista.
¿El ejercicio intenso dispara la testosterona?
El ejercicio siempre es beneficioso, pero cada tipo genera efectos distintos.
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El entrenamiento de fuerza y resistencia sí produce picos más altos de testosterona, aunque sean momentáneos.
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El exceso de entrenamiento, con poco descanso, puede causar el efecto contrario: disminución hormonal.
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El cardio moderado no eleva la testosterona de manera significativa, pero no la reduce y aporta beneficios cardiovasculares.
“La clave no es matarse entrenando, sino combinar fuerza y cardio con equilibrio. El cuerpo funciona mejor con constancia y descanso adecuado”, explica Corredor.
¿Los suplementos que recomiendan los influencers funcionan?
Entre los productos más populares están el Tribulus y el ácido D-aspártico. A pesar de su fama en redes, la evidencia científica es limitada.
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Los estudios disponibles no demuestran que aumenten la testosterona en hombres sanos.
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Tampoco se han encontrado mejoras significativas en fuerza, energía o libido.