A nivel mundial cada vez aumenta más la popularidad del debate acerca de la necesidad de una tercera dosis de la vacuna frente a la covid-19 en la población con la pauta completa. Con independencia de los intereses comerciales de los portavoces que lo introdujeron, la cuestión puede tener su interés científico.
En teoría, tal debate se basa en la pérdida de anticuerpos que parecen haber encontrado los fabricantes de las vacunas, sobre todo de la compañía Pfizer. Sin embargo, aún no se han publicado los datos en revista científica alguna.
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Hasta la fecha conocemos la duración de anticuerpos circulantes en sangre publicados de Comirnaty −hasta 90 días−; de Spikevax −algo más de 200 días−; y de Janssen −ocho meses duran los anticuerpos y las células T CD4 específicas frente a proteína S−. Curiosamente, se aduce la importancia solo de los anticuerpos, pero no se muestran ni se comentan datos de la persistencia de las células B y T de memoria −la de Janssen sí los tiene−.
Casi un año después de la infección natural el sistema inmunitario aún sabe responder a un nuevo encuentro con el virus; lo lógico es que con las vacunas pase lo mismo
Esas son, precisamente, las poblaciones que, junto con las células plasmáticas de vida larga, se pretenden inducir con la vacunación para que nuestro sistema inmunitario responda de forma rápida y especializada en caso de un nuevo encuentro con el virus.
En personas con trasplantes
Los anticuerpos protegen, pero necesitamos tener una respuesta celular completa y de memoria bien establecida. En la inmunidad que genera la infección natural −procedimiento de alto riesgo para conseguir la inmunidad− sabemos, mediante publicaciones con rigor, que todos esos componentes llegan hasta casi el año tras la infección. Lo lógico es pensar que con las vacunas pase algo semejante o incluso mejor.
Sin embargo, hay una situación donde se piensa que la tercera dosis tiene su espacio: la de la población inmunocomprometida. La inmunosupresión es un término muy amplio que abarca desde los ancianos −inmunosenescencia− a los pacientes con inmunodeficiencias primarias y los inmunosuprimidos por la enfermedad de base o por el tratamiento. De todos ellos, ha sido en los trasplantados donde parece haber aparecido las primeras evidencias que apoyan suministrar la tercera dosis.