Durante años recorrieron carreteras, inspeccionaron vehículos, participaron en operativos y ayudaron a prevenir tragedias gracias a un olfato entrenado para detectar aquello que podía poner en riesgo la vida de otros. Mientras miles de personas continuaban con su rutina diaria sin saberlo, ellas trabajaban silenciosamente para protegerlas.
Sus nombres son Nika y Estrella, dos caninas de la Policía Metropolitana de Cúcuta que dedicaron gran parte de su vida al servicio de Colombia y que hoy enfrentan una misión muy distinta: encontrar una familia que las acompañe en su retiro.
Dos vidas marcadas por el servicio
La historia de Estrella está ligada a la valentía y a la capacidad de seguir adelante incluso en medio de la adversidad. Esta labrador especializada en detección de explosivos llegó a Cúcuta hace cuatro años y medio y rápidamente se convirtió en una pieza fundamental para la seguridad de la región. Su labor consistía en adelantarse al peligro, detectar amenazas y permitir que otros pudieran cumplir sus misiones con mayor tranquilidad.
Uno de los episodios que marcó su vida ocurrió cuando el guía que la acompañaba resultó afectado en un atentado terrorista registrado en el Anillo Vial Oriental de Cúcuta. A partir de ese momento comenzó una nueva etapa junto al intendente jefe Hugo Alexander Caro Omaña, un uniformado que ha dedicado más de dos décadas al trabajo con guías caninos y que encontró en Estrella una compañera excepcional.
Lea también: La verdadera historia de Choco y sus perros: de la calle a las redes sociales
Lejos de disminuir su rendimiento, la canina continuó participando en operaciones de alto impacto. Estuvo presente en misiones de erradicación de cultivos ilícitos en el Guaviare, donde ayudó a detectar artefactos explosivos, y también hizo parte de múltiples actividades preventivas en el área metropolitana de Cúcuta. Detrás de cada operativo exitoso hubo una labor silenciosa que pocas veces ocupó titulares, pero que contribuyó a salvar vidas.
Tras cerca de seis años de servicio, Estrella completó su ciclo operativo y hoy espera una nueva oportunidad, esta vez lejos de los riesgos del trabajo policial y más cerca de la tranquilidad que merece después de años de entrega.
La historia de Nika comenzó cuando apenas era una cachorra de seis meses. Fue entonces cuando conoció al subintendente Brayan Stiwen Prada Arias en la Escuela de Guías y Adiestramiento Canino “Agente Álvaro Rojas Ahumada”, en Facatativá. Con el tiempo, ambos construyeron una relación basada en la confianza y el trabajo conjunto, convirtiéndose en un binomio inseparable.
Especializada en la detección de sustancias narcóticas, Nika desarrolló una habilidad extraordinaria para identificar estupefacientes durante operativos y controles realizados en Norte de Santander. Gracias a su trabajo, más de 80.000 dosis de droga fueron retiradas de circulación antes de llegar a las calles de Cúcuta y su área metropolitana, una cifra que refleja el impacto real de su labor en la protección de niños, jóvenes y comunidades enteras.