Cerca de 4.000 metros cuadrados de selva (cuatro hectáreas) fueron arrasados en 2015 en mitad del Amazonas, en el municipio colombiano de Puerto Nariño, para construir una granja solar que beneficiaría con energía eléctrica a tres comunidades indígenas. Sin embargo, al día de hoy, ese proyecto no les ha permitido encender ni un bombillo.
En ocho años ese proyecto ha tenido siete suspensiones, diecisiete ampliaciones y ocho prórrogas avaladas por la interventoría y que, según la Contraloría General de la República, están en alto riesgo de quedar como ‘elefantes blancos’. Mientras tanto, el parche deforestado en la ribera del río Amazonas sigue intacto.
Esto ha generado que el ambiente de las comunidades indígenas de Macedonia, San Martín de Amacayacu y 20 de Julio, que viven en esta zona selvática del departamento colombiano de Amazonas, haya tomado tintes de decepción, pues aseguran haber confiado su selva a un proyecto que, hasta el momento, solo ha destruido lo más sagrado que tienen: la naturaleza.
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“Esto es muy triste. La empresa dejó todo abandonado, los paneles se están pudriendo y muchos implementos se los han ido robando. Hemos hecho mingas (protestas) comunitarias para tratar que esto no se pudra más, pero ha sido imposible. El abandono es total”, precisa a EFE Clever Talanta, curaca de la comunidad indígena 20 de Julio.
Planta solar de Puerto Nariño, ¿elefante blanco del Amazonas?
El líder indígena también afirma que los contratistas salieron del lugar y no cancelaron algunas obligaciones que tenían con la comunidad que hoy espera respuestas. “Les deben a varios trabajadores que pusimos en la zona, hombres y mujeres, que ahora necesitan su dinero para salir adelante. Aquí no dejaron nada, solo un bosque talado y cero energía”, puntualiza.
Esta granja solar tiene un avance del 68,74 %, tuvo un valor inicial de 26.869 millones de pesos (6 millones de dólares), pero se le hicieron adiciones por 2.866 millones de pesos (640.000 dólares) para un costo total de 29.736 millones de pesos (6,7 millones de dólares), no obstante, no ha producido un kilovatio de energía.
“Es urgente decirles a las autoridades que vengan a terminar esto, no podemos quedar con un ‘elefante blanco’ en nuestro territorio, sentir que nos robaron la ilusión de salir adelante, recibir turistas y contar con energía eléctrica”, asegura Urbano Ferreira, indígena de la zona.