En las últimas horas un usuario de redes sociales lanzó un ataque contra la representante Mafe Carrascal. Con un pantallazo de un supuesto perfil de la congresista en Tinder el sujeto escribió "¿entonces Mafe Carrascal pasaba 60 horas al día en Tinder, buscando quien le hiciera la vuelta?".
Casi de inmediato le levantó una ola de indignación, la cual vino acompañada de un abrazo solidario para la parlamentaria capitalina.
"Yo denuncié este perfil falso en -Tinder hace por lo menos 6-8 años. Nada más hay que ver el celular de la foto. ¿Qué es esto?¿cuál sería el problema si quisiera entrar en una aplicación de esas? Qué bajezas".
El sujeto que publicó el trino aparece identificado como Diego Trujillo Uribe y varios de quienes se han solidarizado con Carrascal instan a denunciar la cuenta.
La historia no contada de Mafe Carrascal
Al entrar a su hogar, se percibe de inmediato esa revolución silente que emanan las cosas cuando nos ausentamos por un largo tiempo. Entramos con ella y el viento que genera nuestra llegada, mueve las partículas de polvo antes dormidas sobre la luz del día y sacude a las plantas de interior. El primer saludo nos lo da un cuadro puesto en la pared en el que podemos leer: “Nuestra lucha es por la vida”, acompañado de una figura colorida del mapa de América Latina. La congresista María Fernanda Carrascal o Mafe Carrascal (como es mejor conocida), habita en cada rincón del lugar, lleno de arte, libros y decoración minimal.
“Máma, la libertad siempre la llevarás dentro del corazón”, reza la canción de Charly García que en los mejores días canta a viva voz Mafe Carrascal. Le gusta el rock en español por la forma en que moviliza al continente, también Mercedes Sosa, su inspiración, llora fácilmente y queda anonadada con películas como 1.985, largometraje de argentina nominado al óscar que vio en una sala de cine de ese país al borde de las lágrimas. Su amor por las causas sociales, la historia y cultura de las venas abiertas de nuestro territorio, es un amasijo de convicción y trabajo que le ha sido heredada desde su familia.
Su papá, Santiago Carrascal, atleta por excelencia, exfutbolista profesional y líder educativo que se echó al hombro escuelas de deporte en la Universidad Francisco de Paula Santander en Ocaña, migró de su ciudad al frío bogotano en 1.989 dada la oscura y pesada sombra de violencia que lo acechaba por sus quehaceres como sindicalista y líder social.
Su entonces esposa, ya en estado de gestación, María Fernanda Rojas, llegó meses después a la capital para acompañarse mutuamente. Con la revolución y el agitado transitar del viaje del pueblo al monstruo gigante de asfalto que es la capital, hizo que su parto se adelantara. Dio a luz rodeada de los cerros bogotanos un 10 de enero de 1990. Nació su hija, la que llevaría su mismo nombre.
Primeros años
Mafe Carrascal creció en el centro de Bogotá. De fachadas antiguas que conservan la historia en las tejas y la madera retocada. El Parque Nacional, grande y verde, se convirtió en un bastión en el que a punta de canastas de baloncesto, su padre le inculcó el amor por los deportes. El amor entre sus padres se quebró a sus 4 años, se separaron y desde entonces vivió con su hermano y Don Santiago.
Entre los fulgurantes colores de las legumbres, los vegetales, las frutas y las carnes, se movía su papá, quien para llevar dinero a casa, se dedicó a comerciar con restaurantes, 30 años duró ese oficio. La pequeña Mafe de la mano de su padre, era compañera algunas veces, de los viajes entre los alimentos expuestos en las plazas de mercado. Se sentaba junto a él en las cocinas de aquel lugar y ordenaba entre el bullicio de la plaza, sopas típicas, dulces y Chunchullo, eso sí, bien tostado y crocante, su plato favorito.
De vuelta al hogar, terminaban la jornada hablando de política, de cultura, de fútbol y otros deportes, charlas que invitaban al hermano mayor a unirse. De todo lo que no se podía hablar afuera, lo conversaban al calor de hogar.
Mafe imaginaba un fonendo entre su cuello, soñaba con ser médico y le gustaba cuando su papá hablaba de temas sociales, de cultura y de otros países. Esto, prendía una llama en el pecho y su cerebro.
Etapa escolar
Entre conversaciones y juegos, llegó el gran día. Inició su etapa escolar. El Rosario de Santo Domingo en 1.995 la recibió. La llama naciente, flameaba ansiosa. Tiempo después, el fuego se mantuvo gracias a las enseñanzas de sus profesores. A pesar de ser un colegio acérrimamente católico, sus guías eran laicos y progresistas. Incentivaron la crítica, el debate, la investigación, la oralidad, el arte y la creatividad como herramientas para ver el mundo, algo que nutrió a la hoy representante a la Cámara por Bogotá.
Su aprendizaje corrió en medio de puestas en escena, ensayos, exposiciones sobre temas de historia, cultura y postulados internacionales y teológicos. Sus profesores le hablaban del ‘animal político’ y de la lógica aristotélica, lo que generó bocanadas de identidad y amor por lo que aprendía. Se sensibilizó sobre el acontecer nacional y las causas sociales gracias a sus docentes. El progresismo era una puesta de sol que se vislumbraba en el horizonte.