Antes de convertirse en uno de los penalistas más reconocidos del país, Iván Cancino fue un niño que aprendió a mirar el derecho desde los pasillos de una universidad.
Acompañaba a su mamá a encuentros de antiguos alumnos, pasaba tiempo entre bibliotecas y crecía en un hogar donde la justicia no era un tema lejano, sino parte de la vida cotidiana.
Hoy, su nombre suena para llegar al Ministerio de Justicia en el gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella, una cartera clave por su papel en la política criminal, el sistema penitenciario, el acceso ciudadano a la justicia y la relación del Ejecutivo con el sistema judicial.
Pero para entender quién es Iván Cancino no basta con revisar su hoja de vida. Hay que volver a su origen: una casa marcada por el estudio, la cultura, la disciplina y el derecho.
Una vida marcada por el derecho desde niño
Iván Cancino nació en un hogar rodeado de abogados. Desde temprano vio esa profesión no solo como una carrera, sino como una forma de vida.
Su madre, Emilssen González, fue una figura determinante en esa formación. Docente exigente, disciplinada y mujer de cultura, ha tenido una trayectoria de más de 60 años en la vida académica. También fue directora de biblioteca y presidenta de antiguos alumnos.
Por eso, cuando se realizaban encuentros de egresados, Iván la acompañaba. Mientras ella participaba en esos espacios universitarios, él recorría los pasillos y se familiarizaba con el mundo que años después también sería el suyo.
En las noches, su madre le leía cuentos de los hermanos Grimm y leyendas de la República romana. Esa mezcla de literatura, historia y formación académica dejó una huella en su manera de acercarse al conocimiento.
En su entorno familiar también se recuerda un dato que habla de la exigencia intelectual de su madre: Emilssen González obtuvo uno de los promedios históricos más altos de la Universidad Externado de Colombia.
Su padre, Antonio Cancino, también fue clave en su formación. Lo recuerda como un hombre querendón, cercano y profundamente formador. De él aprendió que había que estudiar mucho, pero también que las respuestas no siempre estaban únicamente en los libros.
Para Cancino, una de sus grandes enseñanzas fue entender que un abogado debe ser una persona culta, sensible y capaz de mirar más allá del expediente. Las respuestas, ha dicho, también están en la cabeza y en el corazón.
Un estudiante destacado con alma de defensor
Ese ambiente familiar marcó su vida académica. Iván Cancino fue un estudiante destacado y disfrutaba estudiar. Su vida se construyó alrededor de los libros, la universidad, las discusiones jurídicas y la formación intelectual.
En la Universidad Externado de Colombia, donde estudió Derecho, también tuvo una participación activa en la vida estudiantil. Fue representante estudiantil durante cinco años, una experiencia que lo acercó a la vocería, al debate y a la defensa de ideas dentro de una comunidad académica exigente.
Quienes conocen su historia lo describen como un hombre introvertido, de pocos amigos cercanos y poco dado a la vida social de fiestas. Su mundo ha estado más cerca del estudio, los casos, las aulas y las conversaciones jurídicas.
Esa forma de ser no lo alejó de lo público. Al contrario, terminó definiendo una vocación que él mismo resume con una frase: “Mi alma es la de defensor”.
Aunque pasó por el sector público, Cancino nunca ha tenido como propósito principal ser fiscal, juez o magistrado. Su camino ha estado ligado al litigio, a la defensa técnica y al servicio desde el derecho.
“Nunca he querido ser fiscal, juez o magistrado. Yo quiero ser abogado litigante y servir a mi país”, ha dicho sobre su manera de entender la profesión.
Esa frase resume buena parte de su perfil: un abogado que ve en la defensa no solo un oficio, sino una forma de servir.
Una carrera construida en el derecho penal
Iván Cancino es abogado de la Universidad Externado de Colombia. Es especialista en Ciencias Penales y Criminológicas, especialista en Derecho y Nuevas Tecnologías, y magíster en Ciencias Penales y Criminológicas. También cuenta con formación en Gestión Estatal.
Durante más de 20 años ha construido una carrera ligada al derecho penal, la docencia universitaria, la consultoría jurídica y el litigio.
Ha sido profesor de programas de posgrado en Colombia y en universidades del exterior. También ha ejercido como decano en instituciones universitarias, lo que confirma que su vínculo con la academia no fue una etapa pasajera, sino una parte central de su vida profesional.
En el sector público se desempeñó como fiscal delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá, experiencia que le permitió conocer desde adentro el funcionamiento de la justicia penal y los retos de la investigación criminal.
Además, ha sido analista jurídico en programas de televisión, columnista en asuntos legales y miembro del Colegio de Abogados Penalistas de Colombia, del Instituto Colombiano de Derecho Procesal y de la Fundación Internacional de Ciencias Penales.