Después de casi veinte años Ingrid Betancourt vuelve a ser aspirante a la Presidencia de Colombia. La líder política colombo-francesa confirmó este martes que entrará en la contienda electoral como precandidata de su partido Verde Oxígeno. Su aterrizaje en el plano electoral de 2022 genera diversos interrogantes sobre el impacto puede tener en materia de votos y cuáles pueden ser sus aportes a la Coalición Centro Esperanza.
En rueda de prensa, Betancourt afirmó que la coalición de centro necesitaba a una mujer en calidad de precandidata, por lo que decidió no seguir mirando los toros desde la barrera y lanzarse al agua. A pesar de su renuencia a meterse de lleno a la política, el camino se le fue despejando y los integrantes de la alianza de centro le pidieron que se uniera, al considerarla algo así como la pieza que le faltaba a este nuevo proyecto que buscará el poder en 2022.
Su inicio en la política fue disruptivo. Era una joven metida en el campo de unos viejos que generaban -o generan- más disgustos que felicidad entre la ciudadanía. En el año 1994 recorrió las calles de Bogotá repartiendo preservativos argumentando que "la corrupción es el SIDA de la política en Colombia" al tiempo que se convertía en la primera mujer que se atrevía a regalar condones como parte de una campaña política, en ese entonces aspirando a la Cámara de Representantes.
Ahora, tiene el gran reto de sumergirse en aguas ya exploradas, pero que tras 20 veinte años, se ven diferentes. Betancourt llega a ser la cuota femenina de la consulta de centro y, por medio de sus conocimientos e historia de vida, conquistar un electorado que busca soluciones entre los múltiples problemas que lo aquejan.
"Vengo a reclamar el derecho de luchar por mi familia extendida, que es toda Colombia. Hace 20 años fui secuestrada como candidata presidencial haciendo campaña contra la maquinaría politiquera. Pero hoy estoy aquí para terminar lo que empecé. Con la convicción de que Colombia está lista para cambiar de rumbo", dijo en el lanzamiento de su candidatura.
Además de político la candidatura de Betancourt tiene un importante significado simbólico. Cuando era precandidata presidencial, el 23 de febrero de 2002, fue secuestrada por las FARC junto a su asesora Clara Rojas. Seis años después, el 2 de julio de 2008, y después de un centenar de sufrimientos, fue liberada en la Operación Jaque, durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.
Rememorar su historia es clave para entender que su regreso a la política electoral tiene un fuerte significado para los colombianos, pues se trata de una de las víctimas del conflicto armado que ha vivido nuestro país, y quizá el papel de política que conocían los ciudadanos es interpretado de una manera distinta.