Una rara escena tuvo que presenciar Colombia cuando el candidato presidencial Gustavo Petro asistió a una de sus citas públicas en la fronteriza ciudad de Cúcuta, con chaleco de protección bajo su camiseta del Cúcuta Deportivo, rodeado por escoltas, algunos de ellos sosteniendo escudos antibalas. La imagen de uno de los hombres más cercanos al pueblo, que lidera casi todas las encuestas de intención de voto para este 2022, pero que irónicamente se ve obligado a estar distanciado físicamente de las personas.
Detrás de aquel polémico momento, se esconde la sombra de la violencia en Colombia, aquella que ha marcado con sangre la historia con asesinatos emblemáticos de líderes políticos como Luis Carlos Galán o Carlos Pizarro. Con este último, por ejemplo, comparte el complicado estigma que trae consigo el haber hecho parte de la guerrilla del M-19. Tema se ha convertido en la carta segura de los demás candidatos para desvirtuarlo.
Sin embargo, también hay quien dice en Colombia que Petro es “como un teflón”, que casi todas las acusaciones y ataques los evade; que antes de afectarle, lo suben en las encuestas. Nada raro en un personaje que ya completa su tercera aspiración presidencial y que, siendo conocedor de las aguas turbulentas de la política, parece prever que su pasado siempre lo perseguirá y por ello se ha esforzado en dejar claro que él era solo un idealista dentro de las filas del M-19 y que nunca disparó una sola bala.
O más bien sí lo hizo, una vez cuando era pequeño y disparó un revólver pensando que era de juguete y causó todo un alboroto en la casa de su familia en Ciénaga de Oro, departamento de Córdoba, según le contó a Revista Semana. Estas tierras, donde nació un 19 de abril, lo recibieron con una masiva manifestación el pasado 23 de abril. Desde la campaña del también senador, señalan que quien quiera hablar con Petro tendrá que ensuciar sus zapatos porque su agenda de acá a primera vuelta será en plaza pública.
Una característica que siempre ha tenido el líder de la izquierda en Colombia, como personero y concejal de Zipaquirá en su momento, como representante a la Cámara y luego como senador de la República, y por supuesto como exalcalde de Bogotá: un intento constante de conectar con la base popular del electorado.
Semanas después de su paso por Montería, lamentablemente, la ciudad quedó en el fuego cruzado del Paro Armado del Clan del Golfo. Mismo lugar donde hace semanas Gustavo Petro, en su discurso, clamaba que “llegó el momento de cambiar la historia de Colombia”.
Dicho cambio, el también abogado de la Universidad Externado de Colombia planea hacerlo de la mano con un equipo particular, que aunque inteligente políticamente, le ha acarreado varias críticas. Gustavo Bolívar, Roy Barreras, Armando Benedetti, Piedad Córdoba, Iván Cepeda, conforman ese círculo de infaltables para este 2022.
Aunque, por otro lado, también espera llegar a la Casa de Nariño con Francia Márquez, una líder social afro, ambientalista, feminista y abanderada de un buen número de causas que le permiten al movimiento mantener un equilibrio frente a su electorado. Su llegada, además, llegó enmarcada por la sorpresa de sus más de 780 mil votos en las consultas, que en el fondo significaron la derrota de importantes líderes políticos por una mujer distante a las esferas tradicionales del poder en Colombia.
Por otro lado, todo parece indicar que en esta nueva apuesta presidencial, Gustavo Petro aprendió de sus errores y evitó encasillarse en la extrema izquierda, haciendo contrapeso con políticos y exfuncionarios de otras administraciones. Ejemplo de ello es Alfonso Prada, exsecretario general de Presidencia durante el mandato de Juan Manuel Santos, anunciado como el aterrizaje de “las palomas de la paz” en el Pacto Histórico.
Otro ejemplo fueron los acercamientos con César Gaviria, en cabeza del Partido Liberal, quien terminó escogiendo la campaña de ‘Fico’ Gutiérrez. Sin embargo, el episodio dejó claro el impulso del Petro para alcanzar las mayorías en el Congreso y poder sacar adelante su llamado programa del “cambio”, al tiempo que lograr la soñada hazaña de derrotar al uribismo en primera vuelta.