En su propósito de alcanzar la tan anhelada “paz total”, el Gobierno ha adelantado acercamientos con representantes de las Disidencias de las Farc, que han mostrado voluntad de diálogo para la dejación de las armas, dando a conocer sus intenciones políticas: “la erradicación de las causas generadoras del conflicto social y armado”, tal como se lo dijeron a Danilo Rueda, comisionado de Paz, este fin de semana en el Caquetá.
Una vez terminada la reunión, en el comunicado emitido por los representantes del Gobierno se habla de “delegados del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP". Esta mención, así como se lee, ha provocado críticas de varios sectores políticos, nacionales e internacionales, pues se considera que el Gobierno está brindándoles estatus político a estas estructuras armadas al reconocerlas como guerrillas y no como organizaciones narcotraficantes.
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“Las FARC se desmovilizaron en Colombia en 2017. Lo que quedan son “disidencias” dedicadas principalmente al narcotráfico. Llamarlas “estado mayor de las FARC-EP” es contraproducente y no es propio de un gobierno que se ha comprometido a implementar el acuerdo de paz”, señaló el investigador de Human Rights Watch, Juan Pappier.
Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, negociadores del Gobierno durante la administración de Juan Manuel Santos, también han hecho reparos sobre una posible negociación. Argumentan que el sometimiento es el único camino viable para estas estructuras armadas.
“No estoy de acuerdo con reabrir negociaciones con Iván Márquez, ellos tuvieron su oportunidad, yo creo que el camino que les queda es el del sometimiento”, dijo de la Calle en sus redes sociales. “¿Quién nos garantiza que esta vez no vuelva a incumplir y falte a su palabra como lo hizo después de la firma del acuerdo?”, añadió.