Con los datos de participación en consultas de 2010, 2018 y 2022, se hizo un ejercicio para dimensionar el tamaño de las consultas presidenciales de 2026. La idea es simple: medir cuántos votos de consulta terminan en la urna el mismo día de Congreso y cómo ese volumen cambia según el año.
Ese tamaño importa porque una consulta no es solo un trámite interno. Es la vitrina del músculo real de cada bloque para movilizar gente y para instalar el relato de la "tercera vuelta" en la que, en plata blanca, se muestra quién llega con más calle y más organización.
El punto de fondo
Aquí la unidad de medida es el total de votos de consulta depositados el día de elecciones al Congreso. Ese total se compara con la votación del día para sacar un porcentaje: qué parte de quienes votaron al Congreso también marcó tarjetón de consulta.
Esa proporción no es fija. Cambia por un hecho básico: no todos los años las consultas tienen el mismo nivel de competencia ni el mismo atractivo, y el número de consultas en juego también altera el comportamiento del votante frente al tarjetón.
¿Qué muestran 2010, 2018 y 2022?
En 2010, con un censo de 29,9 millones y una votación del día de 12,9 millones, la consulta registrada sumó 2,5 millones de votos. Eso fue el 19,3% de la votación total de ese día.
En 2018, con un censo de 36,5 millones y votación del día de 17,9 millones, el total de consultas subió a 9,49 millones, el 53,1% de la votación del día.
En 2022, con un censo de 38,8 millones y votación del día de 18,0 millones, las consultas alcanzaron 12,25 millones, el 67,9% de la votación del día.
La línea es clara: el tamaño de las consultas ha tenido saltos grandes. Pasó de 19% a 53% y luego a 68% en tres elecciones.