El pasado fin de semana, en otro ataque político dirigido a una mujer con poder, el presidente estadounidense, Donald Trump, le dirigió un tuit lleno de ira a Laurene Powell Jobs.
Se mete en un ciclo de criticar con desprecio, volver a criticar enfurecido y repetir hasta la náusea, ¿verdad?
La lista de los ataques sexistas de Trump contra las mujeres (a las que suele definir como “desagradables”) es larga.
Parece disfrutar irse en contra de mujeres de color, como sus críticas de este verano contra la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, y la alcaldesa de Chicago, Lori Lightfoot.
No obstante, el ataque contra Laurene Powell Jobs fue cobarde incluso para los estándares de Trump por su esfuerzo claramente sexista de minimizarla al invocar el fantasma de su esposo, el cofundador de Apple, Steve Jobs, molesto por la manera en que ella estaba usando la enorme fortuna de él.
En sus señalamientos, el mandatario parece olvidar que Steve Jobs murió en 2011 y que el dinero siempre fue de ella porque la pareja estuvo casada durante 20 años.
El concepto de compartir la riqueza marital es algo que Trump, quien firma acuerdos prenupciales, no puede concebir. Con su arrebato, casi se podía escuchar el interior de su cabeza chocando con locura ante la idea de una mujer con la motivación y el coraje, así como la inteligencia, de hacer lo que quiera con su propio montón de dinero.
Entonces, mejor no decirle a Trump que hay dos mujeres todavía más ricas en el mundo de la tecnología (Mackenzie Scott, quien recientemente se divorció del director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, y Melinda Gates, quien está casada con el cofundador de Microsoft, Bill Gates) que también están teniendo una influencia significativa en este país con iniciativas que seguramente no le gustan al presidente. Y lo que es peor para él, continuarán reformando de manera profunda la sociedad en los años próximos.
Y antes de que aquellos que no saben cómo funcionan los matrimonios modernos afirmen que estas mujeres no llegaron a tener el poder que tienen inventando nada por sí mismas, permítanme señalar que los hijos de Trump, y Trump mismo, tratan de fingir que están donde están debido al talento y no a las relaciones familiares.
Más aún, como alguien que ha tenido un asiento en primera fila cubriendo la tecnología durante más de 30 años, he visto de primera mano cómo las tres mujeres tuvieron un impacto significativo en las empresas y en sus cónyuges, en particular en los críticos comienzos de sus carreras.
Pero, ahora, estos son los hechos: Laurene Powell Jobs es la sexta mujer más rica del mundo, con más de 20.000 millones de dólares; Mackenzie Scott tiene cerca de 68.000 millones de dólares, lo que la convierte en la mujer más rica del mundo y la pareja Gates comparte una fortuna de 116.000 millones de dólares.
Comencemos con la muy visible Melinda Gates, quien era una ejecutiva muy respetada en Microsoft cuando conoció a su marido hace décadas. Desde entonces, se ha enfocado en cosas más importantes, la más significativa es la copresidencia de la Fundación Bill y Melinda Gates, una organización benéfica de 40.000 millones de dólares que es una de las filantropías más influyentes del mundo. Si bien se centra en la educación y la pobreza, los esfuerzos más importantes de la organización de beneficencia han estado orientados hacia la salud mundial, incluido el que ha sido un valiente esfuerzo para erradicar la malaria. Más recientemente, la fundación ha estado centrada en una vacuna contra el coronavirus.
Melinda Gates, en su mayoría a través de una empresa de inversión e incubación llamada Pivotal Ventures, también ha enfatizado la cuestión de la desigualdad de las mujeres; ha invertido de manera importante en una serie de nuevas empresas de riesgo dirigidas por mujeres con la finalidad de atender la disparidad de financiamiento entre los fundadores masculinos y femeninos.
En una entrevista con The New York Times hace dos semanas, no se contuvo al hablar de la necesidad de abordar las disparidades de género ni de señalar la pésima respuesta a la pandemia por parte de Trump.
“Si queremos reconstruir una sociedad mejor y también tener una recuperación más rápida, entonces tenemos que mirar las piezas específicas de género en las que tenemos que trabajar en todos los países del mundo”, dijo. “Estados Unidos ha carecido por completo de liderazgo en este tema. Y debido a eso, hemos puesto a nuestros niños y nuestros ancianos en el mayor riesgo del mundo. Y eso es un crimen”.