Tras los hechos de violencia registrados en Ucrania por cuenta de una operación militar aprobada por el presidente ruso Vladimir Putin, varios países y organismos internacionales anunciaron duras sanciones contra el Kremlin.
Durante una reunión extraordinaria realizada en Bruselas, los veintisiete estados miembros de la Unión Europea acordaron imponer duros castigos contra Rusia que afectarán sectores importantes de ese país como la exportación, la electricidad, las finanzas, el transporte y la política de visados.
La finalidad de golpear la productividad de Rusia como potencia es debilitar su economía y retrasar su progreso bloqueando las relaciones comerciales que le permiten estar a la vanguardia con otros países prósperos, es decir, aumentar la inflación dentro del territorio ruso y evitar que Moscú acceda a tecnologías de software importantes para su desarrollo.
Por su parte, los gobiernos de Japón y Australia dieron a conocer su conjunto de sanciones consecuencia de las tensiones diplomáticas en el este Europeo. En primer lugar, el gobierno australiano prohibió a sus habitantes invertir en el Banco de Desarrollo Estatal Ruso y en otras cinco entidades financieras de ese país.
Además, restringió por completo el comercio en las regiones de Lugansk y Donetsk, lugares que fueron reconocidos como estados independientes por el gobierno ruso. La prohibición de Australia abarca los sectores de gas, minerales, energía, telecomunicaciones y transporte.