En Colombia, durante décadas, el relato del conflicto armado ha sido contado en voz masculina. Historiadores, políticos, negociadores, militares: todos ellos han llenado los informes y las páginas oficiales, mientras las mujeres quedaban relegadas al papel de víctimas silenciosas. El libro “Mujeres Guerreras que Buscan la Paz” llega para romper ese molde y recordar que la paz, en este país, también se ha tejido con manos y voces femeninas.
Más que una compilación, es un ejercicio de memoria y justicia. A través de doce entrevistas íntimas y poderosas, la obra da voz a lideresas que convirtieron la persecución, el miedo y la violencia en una fuerza colectiva. Mujeres que no aceptaron ser espectadoras, sino protagonistas activas de un proceso que todavía hoy busca consolidarse.
Ahí está Francia Márquez Mina, hoy vicepresidenta, que recuerda cómo la defensa del territorio la convirtió en objetivo militar y cómo el miedo por sus hijos la transformó en motor de lucha. También Patricia Ariza, dramaturga y exministra de Cultura, que convirtió el teatro en una herramienta de sanación y denuncia. Y Ángela María Escobar, sobreviviente de violencia sexual, que llevó su testimonio a la mesa de diálogos de paz, exigiendo que esa herida no siguiera oculta.
Junto a ellas, otras protagonistas muestran que la paz no solo se negocia en La Habana o en los salones del poder. También se teje en lo cotidiano, con gestos que desafían la violencia: Vera Grabe, excombatiente y negociadora, que insiste en la pedagogía como arma contra la guerra; Marina Gallego, que abrió camino para que el enfoque de género quedara inscrito en el Acuerdo de Paz de 2016; o Natalia Botero, que a través de la fotografía ha hecho de la memoria una forma de justicia.