Sin confrontar y conocer los impulsos instintivos, la experiencia espiritual de la iluminación y el dominio de sí mismo no será posible. El sendero empieza por reconocer los defectos de carácter, sin cargar con el peso de las máscaras y el vacío existencial perteneciente al personaje social.
El remedio contra esa actitud del ego, es la simplicidad de volver a encontrar la persona humana que vive en armonía consigo misma y desde la orilla de la compasión evitar juzgar y condenar a los demás. En este instante y a pesar de todo, cuentas con el mayor tesoro personal: tu paz interior.
Deja de preocuparte por las cosas del mundo, tú no eres una equivocación de Dios, somos algo más que la simple apariencia humana, pues existe un mundo muy profundo dentro de cada uno de nosotros, no obstante, de la temporalidad del cuerpo y la mente. Detrás de ti está la eternidad, por eso cultiva tu ser.
La fuerza más maravillosa del Universo es el amor, ya que, toda la creación fue inspirada en esa vibración milagrosa. Quién ama y se siente amado, encuentra el tesoro al final del camino.
Todos necesitamos buscar un sentido a nuestras vidas, pero imprimir este sentido se debe seleccionar por sí mismo y no por otros.
Yo soy quien debe descubrir los matices que develan la imagen que llevo en mi interior. El sentido no se inventa, por el contrario, se descubre. Al observar y experimentar la vida, con los años podremos ver la figura de fondo de lo que realmente somos.
El sentido no me lo pueden dar mis padres, las instituciones religiosas o la sociedad, tampoco los psiquiatras lo pueden recetar como cualquier droga. Uno de los caminos interiores más eficaces es el de oírse a sí mismo, y actuar desde una intencionalidad positiva y justa. De este modo, la conciencia se fortifica en la verdad, equivocándose menos.
Por eso, debemos darnos cuenta de que poseemos un espíritu, el cual es la brújula que le da sentido a nuestras vidas. El espíritu tiene habilidades maravillosas, pues es la esencia del ser humano, así enfermemos o nos desequilibremos mentalmente, el espíritu es el núcleo saludable que nos devuelve la armonía en la medida que lo descubramos.