Por: Armando Marti
Hace pocos días, un participante de El Quinto Camino, mi programa de transformación humana de alto nivel me contó que se sentía extraño. Se despertaba en mitad de la noche con palpitaciones y durante el día tenía ansiedad, mareo, debilidad y un miedo que no conseguía explicar.
- “Mis controles médicos están bien, pero yo no me siento tranquilo”, me dijo.
Comenzamos a hablar de su salud integral: de lo que sentía en el cuerpo, de sus emociones y de lo que había vivido en el último año. Entonces me contó que había pasado por una enfermedad grave y una intervención quirúrgica. Le pregunté cuándo había sido la operación. Al comparar esa fecha con el inicio de su malestar, advertí la coincidencia: los síntomas habían aparecido al acercarse el aniversario de la cirugía.
- “Es posible que esta fecha esté despertando el miedo que viviste entonces», le dije. Era una pista para comprender por qué se sentía así precisamente ahora.
La fecha que enciende una alarma
A esta experiencia se la conoce como reacción de aniversario o, informalmente, síndrome de aniversario. No es una enfermedad en sí misma. Describe el malestar que algunas personas sienten cerca de la fecha de una cirugía, un accidente, una pérdida u otro acontecimiento doloroso. Puede manifestarse como ansiedad, tristeza, sobresaltos o sensaciones físicas.
La reacción no siempre aparece el día exacto. Puede comenzar antes o surgir ante algo que recuerda lo ocurrido: una noticia, el olor de un hospital, una conversación. Nuestra mente aprende y registra asociaciones que no siempre reconocemos de inmediato.
El cuerpo participa en ese aprendizaje. El corazón se acelera, los músculos se tensan, aparece una sensación de cabeza vacía o presionada. Todo se siente real, porque lo es. Una palpitación puede recordar el miedo de aquel momento sin que eso, por sí solo, indique que la enfermedad ha regresado.
Lo que quedó sin palabras
Le pregunté a mi estudiante qué recordaba de los días anteriores a la intervención. Habló de las horas en que esperaba resultados y del temor a no volver a ver a su familia. Había contado muchas veces que salió adelante; casi nunca había hablado de cuánto miedo sintió.
En una crisis solemos concentrarnos en resolver lo urgente. Las emociones quedan en segundo plano. Más adelante, aquello que no pudimos expresar puede hacerse sentir ante una fecha o una señal relacionada con esos días.
A veces llamamos subconsciente a los aprendizajes que influyen en nuestras reacciones sin que sepamos enseguida por qué. No guarda una copia perfecta de todo lo vivido, pero algunas experiencias dejan asociaciones profundas. El olor de un lugar, una sensación física o una fecha pueden despertar una antigua alarma.